Leí hace unos días en el blog de Rafael Reig en Hotel Kafka una cita de Ángel Gabilondo que me sorprendió: «Las convicciones, al presupuesto«. Fui alumno de Gabilondo en dos asignaturas y nunca le oí nada que se pareciera a esta cita, aunque es cierto que las asignaturas que cursé con él (Metafísica y Poética y retórica) se prestaban poco a sentencias tan terrenales. La cita, sea de Gabilondo o apócrifa, es terriblemente cabrona porque pone a cualquier charlatán frente a un espejo mágico que informa la imagen deformada que lanzan los discursos de buen rollo.

Las convicciones del gobierno, por ejemplo, al presupuesto. Aquellos discursos según los cuales la crisis la iban a pagar los poderosos, el puño en alto y la Internacional, al presupuesto.

Cuando Zapatero explicó su regresivo incremento fiscal pensé que era un farol. Un suicidio de ese calibre sólo podría tener como objetivo plantear un horizonte tan derechista que las izquierdas parlamentarias se resignarían a aceptar una migaja social a cambio de su apoyo en la votación. Hoy todavía creo que no quitarán los 400€ a las nóminas más bajas, aunque sea de cara a la galería y no consiga así el voto de la izquierda parlamentaria. Pero lo que ha quedado claro es con quién ha querido llegar a acuerdos el PSOE.

Pactar unos presupuestos con el PNV y con CC es comodísimo, pues nunca pedirán cambios de fondo, sino una inversión aquí, un voto a favor del presupuesto de allá o una transferencia por acullá. En una jornada sobre fiscalidad progresiva organizada por IU-ICV, Joan Tardá, de ERC, explicó que lo que decían los diputados de IU, ICV y BNG estaba muy bien, pero que si el gobierno transfería el aeropuerto del Prat ellos votaban que sí tan campantes. Las convicciones de ERC, también, al presupuesto. PNV (¿qué opina Rubalcaba de pactar las convicciones con quien sigue la estrategia de ETA?) y CC se han adelantado, han sacado su cacho antes, y ERC ha mostrado sus convicciones y encima se ha quedado sin presupuestos.

No es tan llamativa la falta de convicciones de izquierda del gobierno (ya son seis presupuestos llenos de convicciones), sino su falta de sentido práctico: ha conseguido que voten contra los presupuestos todos los partidos con los que tiene acuerdos en varios ayuntamientos y gobiernos autonómicos, ha disgustado incluso a las cúpulas sindicales y ha quedado desnudito ante los trabajadores. No han tenido sentido práctico, porque por encima de lo práctico están las convicciones.

Y las convicciones, como dice Gabilondo, Reig o quien sea, al presupuesto. Y el presupuesto, a la memoria, que luego se nos olvida.