Cuando existían los guiñoles de Canal+ tuvieron un efecto inesperado: los políticos se creían su guiñol e incluso lo caricaturizaban. El guiñol de tal político era un gruñón maleducado y la persona real empezaba a mostrar en cualquier intervención que en realidad era mucho más gruñón y maleducado que su caricatura. Otro era presentado como un ingenuo bobalicón que ofrecía pactos cada medio minuto y la persona exageraba el papel hasta dejar a su guiñol como un cuadro de Antonio López: un retrato fidedigno hasta el detalle, nada caricaturesco. Sólo Aznar, que nació caricatura, no pudo exagerar más por culpa del guiñol.

Cuando se anunció el Nobel de la Paz a Obama la idiotez era tan grande que hubo una suerte de concurso de chistes al respecto en Twitter: «Dan el Nobel de Literatura a un niño de cuatro años al que le sale la letra A monísima. Y ya le pone el palito a la ‘t'», «Premio a la mujer trabajadora: Barack Obama», «Barack Obama, coche del año»… Es evidente que el presidente de la mayor potencia nuclear de momento lo único que ha hecho  es sustituir al mayor criminal del siglo XXI por discursos bonitos: es un buen cambio pero no como para premiar a cualquiera por ello.

Sin embargo, el premio podría tener su efecto positivo. Supongamos que Obama se crea la caricatura que dibuja para él el Nobel de la Paz; supongamos que, como tantos, Barack Obama se cree su guiñol y se convierte en un friki del pacifismo y lo lleva a la exageración intentando sacar las tropas urgentemente de Irak, de Afganistán, tendiendo la mano a gobiernos agredidos por anteriores gobiernos estadounidenses, desmantelando Guantánamo, forzando a Israel a respetar los derechos humanos, prohibiendo la pena de muerte, desmantelando su armamento de destrucción masiva (incluyendo el nuclear), anulando las bases en Colombia, cancelando el bloqueo a Cuba… En el hipotético caso de que esos objetivos estuvieran en la cabeza de Obama (es mucho suponer, lo sé), haría falta que se convirtiera en un firki que decidiera que él es SuperPeace y que con sus superpoderes pacifistas iba a vencer a tanto Lex Luton que habita en despachos de Washington.

El premio es una chorrada, pero la naturaleza de algunos personajes es más chorra aún: nosotros no nos lo creemos, pero ojalá Obama sí.