El fin de semana pasado conocimos varias encuestas coincidentes en sus grandes líneas. El PSOE continúa su bajada en picado (varias décimas cada mes), el PP se estanca y suben Izquierda Unida y UPyD. Por el lado derecho la estabilidad del PP podría cambiar. Las encuestas se realizaron antes de que conociéramos un tercio del sumario de la Gürtel y conociéramos la extensión de la podredumbre en la que vive el brazo político de la Gürtel, el Partido Popular; si hubiera un puñado de ciudadanos de derechas a los que les diera nauseas votar a conciencia a una organización corrupta, probablemente el PP acompañara en su caída al PSOE, lo que favorecería el incremento de UPyD. Y todavía quedan dos tercios del sumario, la instrucción y el juicio.

Si en la izquierda también se produjera un mayor ritmo en el crecimiento de la izquierda transformadora nos acercaríamos a lo que está sucediendo en toda Europa: un desplome de los post-socialdemócratas (acompañado a veces de una sensible caída de los conservadores), y un pluripartidismo bastante equilibrado en el que la izquierda alcanza un peso que va del 10% al 16 o 17%.

Es ahí donde la izquierda política organizada tiene que poner su punto de mira: en el resto de Europa las izquierdas crecen casi siempre en torno a fuerzas nuevas surgidas del esfuerzo de las organizaciones de izquierdas previamente existentes. Y ése es el reto que tiene ante sí Izquierda Unida en los próximos meses: conseguir aglutinar fuerzas para que el conjunto de la izquierda se reorganice políticamente y vuelva a aparecer como una alternativa creíble y sólida.

Algunos pasos hacia dentro ya se están dando con el esfuerzo de todos. Es evidente que el clima interno ha cambiado, que ni la dirección echa gasolina y fuego a quien discrepe ni los discrepantes intentan incendiar el bosque. También se ha puesto en marcha un proceso al que podemos llamar como queramos, pero que concluirá en muy poquitos meses con un censo nuevo que reflejará la militancia real de Izquierda Unida en cada pueblo y en cada federación, acabando con uno de los focos de tensión tradicional y que bloqueaba la capacidad de hacer de la nuestra una fuerza democrática. Ese proceso hará de IU una fuerza ejemplar y única: la única capaz de decir cuántos militantes tiene sin que parezca que Telemadrid está narrando una manifestación ultra.

Con esa buena base hacia dentro tocan dos esfuerzos para (re)encontrarnos con toda la izquierda que no está organizada políticamente (u organizada en grupos muy pequeños) que esté dispuesta a que en España, como está sucediendo en toda Europa, haya una izquierda real que tenga peso político y dé voz relevante a las alternativas a un modelo económico y político caduco e injusto. Ese esfuerzo debería llevar a la resolución de viejos conflictos y a la convergencia política con esa izquierda huérfana con la cual podrá volver a aparecer una fuerza de izquierdas que ilusione y que obligue a escuchar los gritos de protesta a quienes sonríen mientras dan cheques a los bancos pagados con el IVA o a los constructores pagados con el IBI.

En Europa está sucediendo así y las encuestas españolas nos dicen que, por fin, contamos con viento favorable para hacer el esfuerzo.