¿Por qué quieren llenar un barrio (y luego el resto de Madrid) de cámaras? Por nuestra seguridad. Es cierto que habrá quien piense que ha perdido en parte su derecho a la intimidad, que no hay derecho a que tenga que ser grabado al entrar en el metro, al dar un paseo por su ciudad,… Ya sabemos la respuesta: si no hemos hecho nada malo, no tenemos de qué preocuparnos.
Quienes tampoco tienen mucho de qué preocuparse son quienes sí han hecho algo malo. El Reino Unido es el paraíso de la videovigilancia. Sólo en Londres se han gastado 580 millones de euros en cámaras colocadas por toda la ciudad. Se desconoce el gasto en el conjunto del reino: no se quiere dar la cifra para que no suscite la polémica que solemos buscar los demagogos (¿cuántas escuelas infantiles públicas, cuántos hospitales, cuánta investigación se podría haber hecho con ese dinero?).
Si las cámaras se instalaran, como nos dicen, por nuestra seguridad, podría ser un gasto aceptado tras cuatro o cinco oportunos sucesos televisivos con adolescente muerto de pelo rubio (un asesinato de un viejo gitano no tiene el mismo efecto). Pero es que las cámaras de las que está infestado el Reino Unido han permitido resolver sólo un crimen por cada mil cámaras (gracias, David). Ese dato, por supuesto, tampoco se quería hacer público, pero alguien filtró el informe de Scotland Yard al diario The Independent.
Si las cámaras se colocaran por nuestra seguridad podría llegar a ser comprensible que las autoridades evaluasen una idea que en su momento les pudo parecer que merecía la pena, pero cuyo fracaso ya han constatado: cientos de millones de euros para un resultado paupérrimo con el único efecto de violar la intimidad de los peatones. No todas las ideas innovadoras salen bien: lo malo es cuando se conoce el fracaso y se insiste. Como no rectifican y mantienen la política de colocar cámaras en cada esquina, tenemos que concluir que nuestra seguridad no es su objetivo.
Su objetivo tiene que ser hacernos sentir controlados. Paseamos por la calle, y vemos a Hal mirándonos y tenemos la sensación de que hay alguien controlando, viendo que caminamos con tal chica o con ese otro chico, que si hacemos una pintada, nos besamos lascivamente o nos ponemos a bailar de forma absurda alguien nos estará viendo, juzgando y condenando. Si nos lo creemos, la inversión es rentable.
Me temo que has cometido un error. Lo que dice la noticia del Independent es un crimen resuelto por cada mil cámaras…. La cosa cambia bastante. Pero a mí tampoco me gustan las cámaras. Yo no me siento más seguro porque estén ahí.
No discuto tu acertada conclusión: que se hace para que nos sintamos controlados. Pero me gustaría añadir que se hace tambien por algo más, algo que en inglés se llama «business opportunity». Creo que se entiende. Siempre hay algún (algunos) caras que en todas las situaciones crean una «necesidad» con la que forrarse el bolsillo con el dinero público. Todo muy legal y muy necesario para la seguridad de nuestra sociedad.
Vamos, lo mismo que dijo ya Berlanga hace tiempo con La escopeta nacional y aquel señor que quería imponer por ley los porteros automáticos, tambien era por la seguridad !
Anda, David, llevas razón lo corrijo.
Y Aurora sin duda también tiene razón. Parece que vivieras en Madrid
Información Bitacoras.com…
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Pero luego llega la realidad y te da en to el morro.
Se comete un delito y… ¡que casualidad, las cámaras no estaban operativas ese día!
O se han destruido las cintas…
¿Que no?, siiiii…
Cuando el Director General de Seguridad de la Comunidad de Madrid le dio una patá en la puerta del despacho al Director del Seguridad de la Ciudad del la Justicia, (60.000€/año por vigilar un campo de cardos), y se llevó su ordenador personal (que no ha aparecido) las cámaras estaban operativas pero alguien borró las cintas… ji ji ji…
En Euskadi ya han empezado a funcionar. Cosas del patxi, para que luego se me quejen de la esperrancia.
No tengo una opinión clara sobre el tema. Lo digo esto para que no se me tache de entrada de pro-cámaras, porque realmente me falta información o perspicacia (que no sería nada extraño). De todas formas, ahí voy: al margen de ese 0’001 «caso resuelto/cámara» (por ponerme pedante), estaría bien conocer cuanto a bajado (si es que ha bajado) la criminalidad en Londres desde que se instalaron las cámaras. Y quiero decir la criminalidad susceptible de ser evitada por medio de la colocación de cámaras: básicamente, atracos (con o sin violencia) y demás. Vamos, creo que es un dato importante en un debate como este. Las cámaras también son disuasorias.
Coincido con Vitrubius Volante en que las cámaras son una medida disuasoria, y que lo que hay que ver es si ha bajado la criminalidad. Un dato aislado no es nada. Por poner un ejemplo absurdo, el 60% por ciento de los muertos en accidente de tráfico SÍ llevaba puesto el cinturón de seguridad. ¿Quiere eso decir que el cinturón es inútil?
Aunque las cámaras fueran disuasorias, y aunque la criminalidad en Londres hubiera bajado desde su instalación ¿justificaría esto su presencia? ¿compensaría por los efectos de control de los que habla Hugo y por la invasión de la intimidad? ¿Habría otras maneras de hacer bajar la criminalidad que no pasara por vigilar a todo dios en todo momento?
Hay dos datos cuyo cociente (en sentido figurado) nos darían la respuesta a tu pregunta, Sandra: 1) los números de la bajada (si es que la ha habido) de la criminalidad; 2) el valor que consideremos que tiene nuestra intimidad «pública» (por ser la que tenemos en la vía pública, quiero decir). (Con lo que no quiero decir, aclaro, que sea una cuestión matemática: es sólo una metáfora.) Una vez determinada la relación defectos/virtudes de la vídeo-vigilancia por la sociedad podrá compararse con las medidas estrictamente alternativas: p. e., un incremento del nº de polis en las calles. (Y digo «alternativas» porque no hablo de las complementarias y compatibles: por poner ejemplos extremos, una mejora educativa o de la calidad de vida de los sectores de la población más recurrentes en las estadísticas de delincuentes.) Y… Bueno, creo que estoy divagando sin dar respuestas. ¡Un saludo a todos!
Vale, me acabo de dar cuenta de que sólo he repetido lo ya dicho por Sandra. Mi tesis era la siguiente: SÍ hay que hacer las reflexiones que aquí se han planteado, pero cabe la posibilidad de que SÍ valga la pena colocar cámaras, y que, de todas maneras, sería recomendable conocer los datos de criminalidad antes de tomar ninguna posición.
Obviamente hay que examinar las alternativas. De hecho tengo comprobado por experiencia personal, que muchas veces un problema básico es la mala planificación urbanística, que guetifica zonas de la ciudad y las convierte en peligrosas (por ejemplo Almanjayar en Granada, donde la urbanización deja mucho que desear).
De todas formas no me gusta la simplicidad con que este artículo desacredita la utilidad de las cámaras. Sería mucho más coherente si, como dice Sandra, se demostrara que no se buscan alternativas.
Por último, tendriais que vivir en mi barrio. No tenemos cámaras. Pero tenemos una red de abueletes controladores que es mucho peor, con comentarios y chismorreos incluidos. Eso sí, lo hacen gratis 😀