Hace unos días escribí el texto que más debate ha generado en la izquierda de cuantos he escrito en el blog (y van más de 1500). Se titulaba «Comunismo, comunistas» y va por los sesenta y siete comentarios (el último de hoy mismo) además de respuestas en otros blogs (de comunistas) como el de Sira, Javi Busto, y ceronegativo (seguro que me dejo alguno). Además fue el primer post que apareció en dos «semanas rojas» distintas, aunque el mérito de ello corresponde más bien a que lo publiqué un domingo a última hora.

Como la vida no acaba en internet (aunque lo pueda parecer), también algunas compañeras (y algún compañero) me han felicitado por el apunte en cuestión. Alguna otra me ha expuesto su posición, discrepante de la mía.

Entre tantas respuestas alguna podría haber sido sectaria, dura, insultante. Alguna me podría haber dicho que no me meta donde no me llaman. Podría haber habido algún ataque personal, que siempre es fácil y nunca es la primera vez. Sin embargo, ha sido todo lo contrario. Las discrepancias se han expresado siempre respetuosas, argumentadas, con voluntad de convencer, no de humillar. Los temores que tenía al escribir aquel texto fueron infundados y vencidos por la voluntad de muchos y muchas comunistas de discutir tranquilamente y exponer los puntos de vista razonables y razonados de cada cual.

Mi texto no era una reivindicación de Anguita, sino mi propia posición que creo que es cercana a la suya (o no, ¿qué más da eso?) y por ello me apoyaba en él. Pero parten de geografías distintas, pues  yo no me digo comunista, por todas las dudas que tengo al respecto (y porque no milito en ningún partido comunista, factor más que relevante para tenerse por tal). Y sobre todo de biografías distintas, cómo no.

Digo todo esto porque me parece de justicia. Acabo de leer un texto publicado en la web de Izquierda Anticapitalista tomado de este blog. Es un texto en el que parece que una nube de talibanes estalinistas hayan atado a la hoguera al hereje Anguita y lo hayan lapidado antes de encender los leños.

Y se armó la de Dios es Cristo. Los “revolucionarios” de fe místico-religiosa, esos que hablan del marxismo-leninismo como una ciencia dura, al estilo de la física de partículas, se sintieron provocados, insultados y entonaron el feroz rebuzno de la caverna: ataques personales, descalificaciones, acusaciones de traidor, de vendido al capital, de falso comunista, oportunista, anticomunista (una de las acusaciones preferidas por los martillos de herejes)…. Luego ya de aderezo los consabidos y de rigor insultos personales: mentecato, inepto, ignorante, inculto,…y otras perlas que, por respeto al lector, no reproduciré.

Sin duda, mi textito no ha tenido la repercusión que tuvo el de Anguita. Pero tampoco yo gozo del afecto y el respeto intelectual que la izquierda en general y la izquierda comunista en particular tiene hacia Julio Anguita. Seguro que algún insulto habrá habido. Pero no es la tónica general. Si a mí no me han insultado (y puedo garantizar que alguna persona intransigente que se dice comunista ha utilizado algún escrito mío para atacarme personalmente ), doy por hecho que los insultos a Anguita habrán sido meramente testimoniales en un universo de argumentaciones a favor o en contra de su propuesta.

No confundamos: algunos, desde posiciones que no comparto pero que argumentan y razonan, no consideran que los derechos humanos sean el motor de la emancipación. Algún día de esta semana expondré mi posición con más detalle. Pero lo que ha aparecido con este debate es en general argumentación, respeto e incluso cariño. Que entre los cientos de voces que se oyen algunas contengan insultos no deja de ser inevitable (es el problema del anonimato en internet, no de ser comunista, mediopensionista, anticapitalista o cantante de karaokes), pero dar a la anécdota el carácter de generalidad es injusto con las y los comunistas porque lo que ha habido en general es todo lo contrario.

Dicho queda.

Sólo quiero añadir (con el aprecio hacia IA que he demostrado reiteradamente) que me parece un profundo error hacer política mirando con el rabillo del ojo cómo deteriorar la imagen de otras izquierdas transformadoras (incluso aunque no consideren transformadora, revolucionaria o como quieran decirlo a la izquierda que hay en IU). A veces uno percibe más bien una obsesión. IA decidió emprender un camino autónomo: lo lamento, pero lo respeto. Pero cuando se está fuera, no tiene mucho sentido poner acentos en querellas internas (supuestas o reales, tanto da) de otras fuerzas políticas a las que debería, al menos, unir algún afecto político.