Ante la inminente aprobación de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya Carod Rovira tuvo la idea de convocar una manifestación en favor del texto aprobado en referendum (y sustancialmente distinto del aprobado en el Parlament, pese a las promesas de Zapatero). La respuesta fue casi unánime incluso entre los partidos que defendieron el Estatut: es intolerable manifestarse para presionar al Tribunal Constitucional.
Todas las manifestaciones que merecen tal nombre son un ejercicio de presión cívica a los poderes políticos. Cuando nos manifestábamos contra la ocupación de Irak queríamos presionar al poder ejecutivo para que corrigiese sus decisiones. Cuando los sectores más reaccionarios se manifestaban contra la igualdad de derechos civiles independientemente de la orientación sexual trataban de presionar al poder legislativo. Si en Catalunya hay quien ve fundamental defender el Estatut tal y como lo aprobaron el Congreso de los Diputados y el pueblo catalán, ¿qué problema podría haber?
Si se tratase de presionar al poder judicial, ¿por qué ello sería peor que cuando unos u otros hemos intentado presionar a los otros poderes? El poder judicial es uno de los poderes del Estado: un poder cuya legitimidad no es democrática sino burocrática, pero un poder al fin y al cabo. La presión ciudadana al poder judicial no debería suponer un problema sino un ejercicio más de los derechos ciudadanos.
Independientemente de que el Tribunal Constitucional no forma parte del Poder Judicial* ¿qué mística de los tribunales hace que la ciudadanía no pueda ejercer sobre él la misma presión que sobre cualquier otro poder? Uno puede creer que sea contraproducente manifestarse contra unos jueces; podemos coincidir en que hoy haya diez motivos más importantes para manifestarse que un Estatut cuyas competencias luego irá transfiriendo el gobierno central según le venga o no en gana. Pero lo que no tiene sentido es utilizar como argumento para no manifestarse que no se debe presionar a los miembros del Tribunal como si fueran dioses que emitan una verdad sin origen ideológico y partidista.
* El Tribunal Constitucional, pese a su nombre, no pertenece al poder judicial. El poder judicial está regulado en el Título VI de la Constitución («Del poder judicial») mientras el Tribunal Constitucional está regulado en el Título IX («del Tribunal Constitucional»); la cúspide del poder judicial es el Tribunal Supremo y su órgano de gobierno es el CGPJ, que no rige sobre el Tribunal Constitucional. El Tribunal Constitucional es el «intérprete supremo de la Constitución, es independiente de los demás órganos constitucionales» (art. 1 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional), no es un tribunal que juzgue casos y declare culpables e inocentes, sino un poder político en el mejor sentido que interpreta si los otros poderes (judicial incluido) se han adaptado a la Constitución.
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Deberías saber que el poder de presión sobre la justicia queda reservado exclusivamente al poder político, sobre todo a aquellos políticos corruptos de los que anda sobrado este país. El poder político no puede permitir que el pueblo llano presione libremente al poder judicial, bueno ni al poder judicial ni a ninguno, que para eso vivimos en esta gran democracia participativa donde los ciudadanos pueden opinar cada cuatro años y el resto del tiempo lo pueden dedicar a disfrutar del circo político que tenemos en este país. Si puede presionar cualquiera esto sería un sin dios. Y eso no lo pueden permitir. Que nadie les haga sombra.
No estoy para nada de acuerdo contigo, Hugo (¡por una vez!).
No es en absoluto comparable la presión sobre órganos que toman decisiones políticas, como el Congreso o el Gobierno, que a otros que las toman de otra índole. Es decir, un Gobierno puede decidir que sube tal impuesto o no y no pasa nada, y por tanto la ciudadanía presionará en una dirección o la contraria. El Congreso puede aprobar una ley o no y lo mismo. Pero el TC no puede tomar por su propia voluntad una decisión u otra.
Aún dando por entendido que siempre hay margen de interpretación (y por eso hay votos particulares a veces) se supone que el TC solo puede tomar una decisión correcta en cada caso. No es posible que el Tribunal diga: esto puede ser constitucional o no serlo, y entonces según vea yo de cabreado al personal tomo una decisión u otra. Un Gobierno sí puede decir: pensaba tomar esta decisión, pero vista la voluntad popular, doy marcha atrás.
Es evidente que los magistrados del TC son personas y como tales no pueden sustraerse ni a su entorno político, social, histórico, mediático, etc. ni por supuesto a su propia ideología. Y en mucha de su jurisprudencia hay quienes vemos excesivo peso de todo ello. Pero eso es muy difícil de eliminar, en cierto modo hay que resignarse. Creo que la alternativa no es precisamente intentar poner más carga sobre su debida imparcialidad para arrimar el ascua a nuestra sardina.
Una añadidura para reforzar aún más tu nota aclaratoria sobre la naturaleza del TC: en las Facultades de Derecho se le suele llamar (no en modo peyorativo ni nada de eso, sino en modo descriptivo de su naturaleza) como «el legislador negativo» ( http://tinyurl.com/nsleba ) Alguien podriá decir «en ocasiones realiza labores jurisdiccionales (cuando tutela en amparo la protección de derechos fundamentales y tal)»…pues mira, te concedo que sí, Señor Imaginario Que Me Dice Cosas, que en ocasiones puede realizar esa función…¡pero no en el caso del Estatut!
Vaya, que:
1- Estoy de acuerdo con que eso de «no hay que presionar a los jueces» es una chorrada. Si el sistema de justicia fuera injusto, no sólo no habría que no manifestarse contra él, sino que sería una obligación cívica el hacerlo.
El recubrir al Derecho con un velo místico de pureza, donde parece que los operadores del Derecho son ángeles asexuados e imparciales, que ni cagan ni se emborrachan ni leen Libertad Digital…me pone malo.
2 – Prescindiendo del «1», el TC en este caso actúa como legislador (negativo). Es decir, sería presionar a un órgano legislativo para que se decante a favor de una determinada interpretación de la Constitución (ese papel mágico que no ha entrado en vigor en sus partes más importantes).
(Huys, he debido linkar sin querer una página guarra en mi comentario, porque sale «awaiting moderation» XD)
¿Cómo?
¿Que decidir sobre si Catalunya es una nación o si es obligatorio conocer sus idiomas oficiales no son cuestiones políticas?
Desde mi punto de vista, son decisiones tan políticas como la participación en una guerra o la legislación sobre casorios.
Estoy de acuerdo con Hugo: ningún poder (democrático o burocrático) debería estar exento del análisis, de la crítica y, si así lo estima la ciudadanía, de la presión ciudadana, por cualquier método democrático. Sólo faltaría…
Los jueces, por mucho que sean del TC, falangistas o demócratas, no están por encima del pueblo soberano, opino yo. Y en la interpretación de la sacrosanta constitución deberán rendir cuentas a su patrón, que no es otro que ese pueblo soberano.
Juan, no es la primera vez que disientes; si no me equivoco es como mínimo la segunda y a la tercera te saco tarjeta amarilla, que lo sepas.
En época de Barrionuevo el TC dijo que era incosntitucional ilegalizar a HB; en tiempos de Aznar dijo que era la consumación de la democracia. ¿Qué ha cambiado? El clima político: los poderosos tiene mecanismos para hacer girar el clima político (medios de comunicación, desayunos del ABC, almuerzos en la Zarzuela),… y los de abajo no tenemos más que la posibilidad de movilizarnos juntos. ¿Tampoco debe haber editoriales de EL Mundo sobre el Estatut?
Otra cosa es que si mañana organizara una mani Carod pidiendo que los jueces del TC dijeran sí al Estatut, éstos harían todo lo contrario; pero creo evidente que es legítimo manifestarse para defender lo que sea del poder judicial.
No he dicho en ningún caso que no sea legítimo; no me parece oportuno ni la mejor forma de proceder. De acuerdo, sin embargo, en que hay quien tiene otros medios más sutiles y efectivos para influir y lo consigue, pero no por ello creo que sea lo mejor ir de mani frente al TC.
Lo que quería decir es que no me parece lo mismo influir sobre una decisión «estrictamente» política, que sobre una valoración sobre la consitucionalidad de una norma. Yo puedo decir: «que las personas del mismo sexo se puedan casar es bueno», «que se participe en una guerra es malo», pero es más difícil decir «todos los artículos de tal ley son constitucionales».
Pero vamos, que hagan lo que les pete, tampoco me la cogería con papel de fumar como hacen otros. Desde luego que ni el TC ni sus magistrados son intocables.
[…] link is being shared on Twitter right now. @hugomabarca said En el blog: ¿Y por qué no se pueden […]
Pues yo sí que voy a bajar irremediablemente el listón. Para una lectura objetiva de la Transi, recomiendo el corto «Franco no puede morir en la cama», con Luis Ciges en el papel del invicto caudillo.
Perdón, aquí no iba.
Ya que estamos, ¿alguien puede explicarme la justificación democrática del TC?