Algunos liberales (pocos) dicen abiertamente que el consumidor (que es su forma de llamar al ciudadano), al comprar, está votando y que por ello el capitalismo tiene gran legitimidad democrática. La consigna no ha tenido demasiado éxito y por ello todos los países tienen normas que simulan que sacan la elección y el ejercicio de los poderes públicos de los vaivenes del mercado.
En prácticamente todas partes se limita la financiación de los partidos políticos: si no me equivoco Estados Unidos es el único país en el que la financiación de las candidaturas no tiene límites, razón básica por la que algunos no pensamos que sea una democracia siquiera formal. En el caso del poder judicial todos los países guardan las apariencias estableciendo una justicia supuestamente independiente y, en el mejor de los casos, popular (a través de jurados). Si bien es evidente que quien tiene más dinero puede tener mejores abogados y siempre acabará mejor parado, no hemos llegado al descaro de que se pueda subastar la sentencia, que es algo parecido a cómo funcionaría el poder judicial sometido sólo al libre mercado.
Cuando hablamos de la prensa como cuarto poder, como pilar fundamental de la democracia,… ¿no deberíamos pensar también en límites a su mercantilización como sucede en cualquier otro poder precisamente para salvaguardar su carácter democrático? Éste es el único poder que se somete básicamente a las normas del mercado: hay algunas mínimas cortapisas (cada vez menos y más orientadas al control desde otros poderes políticos) y existen medios públicos (también cada vez menos públicos y/o menos fuertes); pero es evidente que los medios se rigen fundamentalmente por las leyes del mercado.
Así, se ha generado en todas partes una importantísima oligarquía mediática que en ocasiones tiene capacidad para someter a cualquier otro de los poderes: en España, empresas como PRISA, Vocento, Planeta, Unidad Editorial e incluso Mediapro tienen dos o más medios y han puesto muchas veces contra las cuerdas a políticos, jueces y a otros medios de comunicación: el poder de cada medio se basa únicamente en su capacidad empresarial. Los límites a la concentración de dinero y a la financiación que se impone (con escaso rigor, es cierto) a los partidos políticos, ¿no serían muy necesarios en la prensa si realmente consideramos que es un Poder, que la democracia precisa de la pluralidad e independencia de los medios? ¿Es más democrático un país si sus medios están controlados por cuatro familias en vez de por cuatro gobernantes?
Ocurre que, a diferencia de los otros poderes políticos, el poder mediático también debe ser salvaguardado por los derechos liberales. A nadie se le ocurriría denunciar como aberrante que los jueces, diputados y ministros tengan muchas libertades limitadas (militancia en partidos políticos -los jueces-, actividades económicas,…). A diferencia de los otros poderes, una de las bases del periodismo es la libertad de expresión (cercenada cuando los medios están en manos de cuatro familias). He ahí el dilema, la razón por la que es tan difícil garantizar a la vez la libertad de prensa y el pluralismo y la democracia mediáticos: hoy el periodismo se concibe sólo como un ejercicio de libertad negativa (el poder público no debe limitar la acción de la prensa, en teoría), pero no como un poder democrático. Y no creo que hayamos encontrado las imprescindibles fórmulas para garantizar que ejerza de poder democrático con los límites que ello supone pero manteniendo la máxima libertad de prensa (que no necesariamente de empresa).
Ese es uno de los ámbitos en los que, quienes aspiramos al socialismo, más tenemos que destrozarnos las meninges: ¿cómo sacamos la prensa del mercado sin someterla a otros poderes políticos? ¿Cómo establecemos garantías de que haya pluralismo mediático evitando la creación de gigantes con opiniones de barro? Parece básica la limitación de la concentración de medios; acaso la financiación pública (con criterios objetivos y buscando el pluralismo) pudiera ayudar a generar una diversidad de medios que hoy no existe; quizás pudieran ensayarse fórmulas como la de la autonomía universitaria: las universidades son públicas y tienen garantizada su financiación, pero son autónomas y dentro de ellas existe libertad de cátedra, por lo que no están sometidas más que así mismas -hasta que llegó Bolonia y tuvieron que buscarse la financiación de las empresas- y dentro de ellas los profesores gozan también de cierta libertad ¿se podría hacer algo así con los medios de comunicación?.
Reconozco que yo tengo más preguntas que respuestas: ¿cómo pueden los medios ser un instrumento para la democracia conquistando además una verdadera libertad de prensa? ¿alguna idea entre los (escasos) lectores y lectoras veraniegas?
Información Bitacoras.com…
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¿Las nuevas tecnologías no contribuyen a democratizar la información?
Los ciudadanos son libres para elegir la prensa que quieren. El mercado garantizaría la libertad y la pluralidad. Ahí está ABC, Público, Solidaridad Obrera… La gente con su dinero puede mantener los periódicos que prefiera. Ninguna empresa puede obligar a los lectores de EL PAÍS a pasarse al ALBA.
Lo que limita la libertad de expresión es la intervención pública. Ahora mismo todos los medios de comunicación necesitan publicidad institucional para sobrevivir a la competencia. Los medios independientes, que no se venden a ningún gobierno, no obtienen ni un duro y no pueden sobrevivir.
¿Qué sería de EL MUNDO sin lo que ha chupado de Valencia y Baleares? ¿Qué sería de Público sin la protección de Zapatero?
Los proyectos periodísticos independientes de los gobiernos tienen que enfrentarse a unas barreras casi insalvables. No puede haber periódicos de izquierdas sin el beneplácito del gobierno. Ni periódicos de derechas sin los barones del PP metiendo pelas.
Para aumentar la pluralidad y la libertad habría que acabar con la publicidad institucional
básicamente, se trataría de una cuestión de «incompatibilidades». Es decir, aplicar a los propietarios de los medios lo que se aplica a otros poderes.
¿se imaginan a ustedes a un minstro del interior propietario de una fábrica de materiales antidisturbios, y al jefe de esta unidad como responsable de ventas de la misma?
joder, pues es lo que está pasando con los medios.
ah, y que sea la última vez que me llama «escaso».
Gracchus, las NNTT contribuyen a democratizar, a a tomizar, a sacar de la clandestinidad de hecho las voces no apadrinadas. Pero los grandes medios de comunicación siguen siendo los únicos con una capacidad relevante de presión que convierte en básicamente anecdótico lo que hacemos por estos rinconcitos.
Tersites, lo que tú propones es que el derecho a la información dependa de la oferta y la demanda, es decir, que la democracia se someta (aún más) al mercado. Yo soy más de democracia que de mercado, la verdad.
Mitxel, es cierto que sería la hostia que un Ministro de Interior tuviera familiares dueños de empresas de seguridad privada: oreja al parche. Lo de las incompatibilidades no está mal visto; creo que hay decenas de medidas que habría que tomar. Que el propietario de un periódico no pudiera tener una tele ni una radio ni más de equis periódicos; o que los periodistas que tuvieran más fuentes de ingresos lo hicieran público para que conozcamos los choques de intereses (es lo que hacemos algunos en nuestros blogs, por ejemplo)
Pues sí, algo habría que hacer. Lo más cercano parece que pasa por reforzar los medios públicos y el quién los controla, «uséase», como garantizar que sean independientes y que le tengan aprecio a la verdad por encima de cualquier otra consideración. Cosa esta que, siendo la más básica, tampoco tiene solución fácil.
Es un error considerar «democrático» lo que está controlado por el poder político, y «antidemocrático» lo que hacen los ciudadanos sin necesitar el permiso del gobierno.
Una justicia «democrática» es una justicia independiente y que no se somete al gobierno democrático.
Una prensa «democrática» es una prensa que necesita someterse a los gobiernos mayoritarios para subsistir.
No, un pirado con toga puede ser independiente y no por ello es un juez democrático. La justicia debe ser independiente de otros poderes, pero, de alguna forma, no puede serlo ni del pueblo ni de la ley.
Y la prensa es democrática si no necesita someterse. Ni a gobiernos, ni a empresarios, ni a nadie, salvo a una legalidad de mínimos y, acaso, a la verdad (esto último es más difícil: ¿quién la evalúa?).
Pero vamos, que yo no he considerado «democrático» lo que está controlado por el poder político, sino lo que sólo está controlado por el pueblo. Eso es de 1º de etimología, por otra parte.
Tersites hace trampas. Yo asumiría sus argumentos siempre y cuando se dieran dos circunstancias que no se dan: que el de la prensa fuese un mercado con unas barreras de entrada insignificantes y que, en el juego mercantil, el oferente fuera el medio y el demandante el ciudadano/consumidor.
Y decía que esas circunstancias no se dan. En cuanto a la primera, las barreras de entradas son insalvables si es que quiere lanzarse un medio con capacidad de influencia. En el caso de la radio y la televisión, por partida doble: primero hay que pasar por los despachos de los poderes políticos y después, para reunir un capital que te permita poner en marcha el chiringuito, por los despachos de los distintos poderes económicos. En el caso de la decadente, aunque aún no difunta, prensa de papel, hay que reunir un capital que está al alcance de muy pocos.
El soporte más accesible es Internet, pero no olvide que para montar algo competitivo son necesarios recursos humanos y una estructura empresarial y tecnológica suficiente. Es decir, un capital inicial importante. Pero supongamos que no insalvable.
El problema se presenta entonces al no darse la segunda premisa de la que hablaba al comienzo: en este mercado no hay dos actores (productor y consumidor, por así decirlo), sino al menos tres. Y el tercero, Tersites, es el único que garantiza la viabilidad de la empresa.
Sin los anunciantes no hay medio de comunicación. Y usted, hábilmente, me responderá que la publicidad llega por arte de magia si hay suficientes consumidores, y no llega si no los hay. Oiga: o no. ¿El Corte Inglés se anunciaría en un medio que denuncie el sindicalismo vertical y las prácticas mafiosas dentro de las empresas? ¿Lo van a hacer los bancos en un medio que defienda con beligerancia la banca pública? El capital, querido amigo, no tiene ideología hasta que la tiene (es decir: hasta que sus intereses están en juego).
Es perfectamente imaginable un medio competitivo (con gran demanda y buena gestión) en el mercado que usted quiere dibujarnos pero ruinoso en el mercado real (sin el apoyo de las grandes empresas, que son las que representan la práctica totalidad de la inversión publicitaria en medios de comunicación). Sin embargo, no hace falta que usted tenga mucha imaginación para llevar a su cabeza medios que en un mercado normal deberían hundirse por ausencia de demanda (son unos bodrios sin valor añadido) y mala gestión (plantillas y salarios descompensados) y que, oh sorpresa, sobreviven gracias a patrocinios de distintos bancos, instituciones y empresas de un par de sectores diría yo que estratégicos.
Así que, haga el favor, no me hable usted del mercado. Que una cosa es montar un fanzine con una subvención del Santander o una revista musical con una entidad de capital riesgo y otra es montar algo relativo al principal poder social: la prensa.
Hablando ya de todo un poco, don Hugo, igual habría que girar la vista hacia el mundo de las fundaciones y organizaciones sin ánimo de lucro (lo cual no significa, ni muchísimo menos, prescindir de personal contratado y de una concepción económica y eficiente de la gestión de la entidad). Si es posible que millones de personas donen dinero para una ONG que defiende los derechos humanos en todo el mundo y tiene presencia física y mediática en casi todos los países occidentales y algunos que no lo son, ¿por qué no va a ser posible montar una ONG dedicada a la comunicación?
Como anexo a mi ladrillo, vaya lo siguiente: yo no tengo la menor intención de privar a Lara de la gestión de La Razón y de todos los demás medios de Planeta no sometidos a concesión administrativa. Es su dinero y hace con él lo que le parece. Ahora bien: allá donde sí hay concesión administrativa (televisión y radio) él está obligado a ofrecer un servicio público que el Estado debe regular con más iniciativa que actualmente. Eso al margen de la necesaria existencia de RTVE (a ser posible sin anuncios, aunque me temo que por motivos distintos a los que han movido al Gobierno).
Como segundo anexo, quede dicho que hasta encontrar otra solución prefiero ese mercado idílico al que hace tramposa referencia Tersites a una prensa del régimen, por decirlo de un modo piadoso que no hiera susceptibilidades.
[…] aspiramos a otro modelo de sociedad. Pero lo que sabemos es que este itinerario, el de poner un poder político en el mercado, se dirige precisamente en la dirección opuesta: monolitismo informativo, unos poquísimos […]