Os propongo el siguiente experimento mental:

-Toda vuestra comunidad de vecinos sabe desde hace tiempo que sois de izquierdas. Vuestro discurso ha ido calando en muchos otros vecinos y en poco tiempo vuestra comunidad de vecinos tiene un aire nuevo y os encontráis en las manifestaciones, habéis destinado un patio para una escuela infantil colectiva y tenéis más proyectos de ese tipo. También conoce tu izquierdismo el vecino que vive en la puerta de al lado de vuestra casa, un personaje muy de derechas, mafioso y muy bravucón, pero que por si sólo no tiene capacidad para asustaros: sólo para generar una gran tensión cada vez que bajáis con él en el ascensor.

Este vecino invita de manera permanente a su casa a un conocido derechista que ha atacado violentamente a cuantos vecinos de izquierdas ha tenido llegando a matar a muchos de ellos. Vuestro vecino (el que ha invitado al derechista violento) conoce perfectamente los antecedentes de su invitado y sabe que muchos de los vecinos de vuestra escalera van a pensar que lo ha invitado precisamente para que os golpee cuando os encuentre en el rellano o que entre directamente en vuestra casa, os asesine y aloje en vuestro piso a otra persona con la que sintonice más y que le rinda pleitesía cada vez que suba en el ascensor con ella. El vecino invitador se defiende diciendo que el ultra viene nada más que a arreglar un ordenador que se estropeó con un golpe terrible y que de hecho no va a salir del dormitorio en el que lo va a alojar.

¿Qué diríais en la siguiente junta de la comunidad? ¿Os callaríais ante la introducción en vuestra casa de una amenaza constatada contra vuestras vidas?

No creo exagerar si comparo la invitación al ultra amenazante con el acuerdo entre Estados Unidos y Colombia para que Estados Unidos coloque siete bases militares en el corazón de América Latina junto a Venezuela, Bolivia, Ecuador… Los antecedentes rojicidas del invitado del cuentecillo no son una exageración ante la cantidad de golpes de Estado y dictaduras títeres que Estados Unidos ha impulsado en América Latina. Y Colombia asegura que no son bases extranjeras, sino de uso conjunto, como nuestro vecino aseguraba que no venía a hostigaros, sino a arreglar el ordenador de Raúl Reyes.

Sólo un imbécil, un fanático o un ignorante negaría que la presencia de bases militares de Estados Unidos en América Latina es un factor de tensión militar que no augura nada bueno. Aún en el supuesto de que Obama supusiera un cambio real en la política exterior estadounidense, sabemos que dentro de siete años, como mucho, Obama será historia. Tarde o temprano esas bases estarán al servicio de algún George Bush que las use para montar golpes de Estado en otros países o incluso en la propia Colombia (afortunadamente Uribe tampoco es eterno).

Honduras puede ser un punto de inflexión: un golpe de Estado aparentemente no apoyado desde el exterior pero que se va consolidando ante la falta de reacción internacional. Si Obama realmente quiere cambiar las cosas, que empiece por retirar la amenaza que las bases estadounidenses suponen para cualquiera que tenga dos dedos de frente. Yes, you can.