El viernes por la noche Escolar contaba que un alto cargo del PP le daba una noticia que iba a ser inminente: “El Supremo de Valencia va a archivar el caso Camps”. Prácticamente al mismo tiempo, la Cadena SER decía lo mismo pero sus fuentes no eran del PP, sino fuentes jurídicas (o sea, la Ley, la costumbre o los principios generales del derecho).

Muy pronto sabremos si se confirma lo anunciado, pero no debería sorprendernos que den carpetazo al caso por muchas pruebas que haya de que la trama de corruptos que trabajaba fundamentalmente en Madrid y Valencia hizo regalos extraordinarios al President Camps y familia.

No será la primera vez ni la última en que la justicia española elabora burdas excusas para no juzgar los casos que decide esquivar. La financiación ilegal del PP ya evitó los tribunales con el caso Naseiro por un invento judicial: las pruebas se habían obtenido legalmente, pero persiguiendo un caso de narcotráfico, no de corrupción política, así que decidieron que no podrían ser usadas contra los corruptos. Felipe González no fue llevado a los tribunales por el caso GAL en aplicación de una novedosa doctrina que evitaba el banco del tribunal para quien pudiera quedar «estigmatizado». Las doctrinas Botín y Parot son también ejemplos magníficos de cómo nuestros tribunales retuercen el derecho para acomodarse a la absolución o la excesiva condena según sus deseos éticos, personales, económicos o políticos, pero nunca jurídicos.

¿Cómo argumentarán el carpetazo a un cohecho sobre el que el ponente presentó once indicios racionales? Probablemente no haga falta argumentar. Como no ha hecho falta que de la Rúa, el hombre cuya amistad con Camps no es definible con palabras, explique que no haya presentado desde el primer minuto su abstención en el caso.

Hace pocos días veía un informe que argumentaba la falta de democracia en un país por la ausencia de una justicia independiente que se limite a aplicar la ley con igualdad a todos los ciudadanos. Si ese criterio se extiende, va a haber que hacer una nueva transición.