Desde que murió Javier Ortiz su hija Ane y amigos están actualizando cada día su página web. Cada día cuelgan en la sección Recuerdos un texto escrito por alguno de sus cientos de seguidores y también Desde Jamaica, donde podemos recordar cada día alguno de los mejores textos que nos dejó Javier. El apunte que recuperan hoy, de 2001, es imprescindible:

Bueno, pues en éstas estaba ayer por la mañana, tomando notas para la confección de la prometida columna, sentadito al borde de la piscina y escuchando el excelente último disco de John Gorka, cuando de repente suena el teléfono. Me llamaban de El Mundo. No diré quién: dejémoslo en que no era precisamente el chico de los recados. Pero en este caso ejercía funciones de tal: me comunicó que más me valía desistir de la idea de hablar de ese libro porque, si lo hacía, mi artículo jamás vería la luz. Me quedé de una pieza: en once años que llevo como columnista de El Mundo, jamás nadie me había dicho qué podía o qué no podía escribir. Argumenté eso, argumenté que mis opiniones son mías y llevan mi firma («Vete a contarle eso a Botín», fue la respuesta)… argumenté de todo, pero todo fue inútil.

No dejéis de leer completa la Historia de una columna que nos envía Javier Ortiz desde Jamaica