Ayer se celebró en Madrid un debate sobre la refundación de Izquierda Unida en el que tomaron la palabra las diversas posiciones internas para proponer el camino por el que debe transitar la refundación de IU. Si no me equivoco es la primera vez que se organiza un acto de estas características en IU, acostumbrados a la dinámica del pasado que identifica debate con bronca y acto no oficial fomentado por alguna de las partes con conspiración. En el acto de ayer no hubo bronca ni conspiración, sino debate sincero, respetuoso y propositivo.

Y hubo discrepancias, claro que sí. Había quien era más optimista, quien más pesimista, quien entendía que había que hacer una refundación de Izquierda Unida que modificase nuestras inercias más enquistadas y quien entendía que Izquierda Unida tenía que impulsar algo nuevo que surgiera del encuentro con lo que se mueve por ahí fuera o lo que no se mueve pero tendría que estar moviéndose…

En lo que todas las partes coincidieron es en la bondad de actos como el de ayer, que enriquecen el debate y nos muestran que no es imprescindible la crispación y el insulto más que para la consolidación de las posiciones más reaccionarias e inmovilistas. Sentados juntos a hablar podemos constatar fácilmente que, por supuesto, hay enfoques distintos para afrontar los problemas (o incluso para identificarlos) pero que, como dijo alguien ayer, tenemos que tener la capacidad para diferenciar lo secundario de lo prioritario: lo prioritario es un proyecto alternativo al capitalismo que coincidimos en llamar socialismo al que cada uno añade los adjetivos que considera pertinentes (la fórmula «socialismo democrático del siglo XXI» es larga y parece contentarnos a todos, aunque no entiendo que pueda haber socialismo no democrático ni que podamos esperar al siglo XXII, pero eso es otro cantar). Lo secundario son las diferencias internas entre quienes apostamos por esa alternativa: no son diferencias inexistentes y por eso hay que debatirlas y afrontarlas, pero son secundarias, por lo que no pueden ser esas diferencias las que definan nuestra forma de hacer política.

No va a haber refundación si no reconocemos en los demás un interlocutor al que escuchar, por el que dejarse convencer, con el que discrepar tranquilamente. No creo que hubiera nadie ayer que no estuviera de acuerdo en bastante de lo que decía cada uno de los oradores ni que no tuviera alguna discrepancia con cada uno de ellos. Por eso un acto como el de ayer contribuye a abrir un poco más la puerta y que corra el aire. Las desconfianzas mutuas, los recelos y los vetos son cosas del pasado y de quienes quieren sobrevivir instalados en él.

NOTA: En los próximos días irán apareciendo los vídeos del acto con los discursos de los seis ponentes y un resumen de lo dicho desde el público (¡fueron más de dos horas!), así como una pequeña hojita de conclusiones por parte de EnConstrucción.