Hay algo que no cuadra en lo que pasa en Irán.

La manipulación a la que estamos sometidos es tan grosera que anima a desconfiar de todo. Uno sólo da por buenas las informaciones que se dan en nuestra prensa que perjudiquen a Musavi y las que se dan en Irán que perjudiquen a Ahmadineyad. Como en el fútbol: si el defensa no protesta, era penalti seguro.

Damos por hecho que no importa si ha habido o no fraude electoral, pues Musavi anunció su victoria al minuto siguiente de que se cerraran los colegios, sin ninguna razón para suponer resultado alguno. Pero podemos suponer que cierto fraude ha habido al reconocerlo el Consejo de Guardianes, aunque las encuestas previas y la contundencia del resultado hacen pensar que sin ese fraude Ahmadineyad habría sido más votado que Musavi. También podemos dar por hecho que la represión contra los manifestantes está siendo brutal dado que la propia televisión iraní ha reconocido más de una decena de muertos.

Sabemos que Musavi es un hombre del régimen, que no ha cuestionado en ningún momento todos sus déficits democráticos, civiles y sociales. Le hemos escuchado denunciar a Ahmadineyad, pero no la autoridad suprema de Jamenei, ni del Consejo de Guardianes de la Revolución ni todo el tinglado teocrático chií. Sabemos que mantendrá el impulso nuclear, algo que no nos puede hacer ilusión a quienes queremos que se cierre Garoña ni a quienes ven en el proyecto nuclear (en Irán) la prueba de que Ahmadineyad nos quiere matar a todos. Sabemos de Musavi que fue ministro iraní en plena guerra contra Iraq y que no le tembló la mano en la represión genocida de toda la oposición interior.

Sabiendo sólo eso hay algo que no cuadra.

Uno duda de que acudiera a jugarse la vida a unas revueltas que fueran a suponer transformaciones radicales en la sociedad: no conviene creernos héroes antes de que la vida nos permita comprobarlo. Sé en cambio que no me la jugaría ni de coña por un cambio aparentemente tan pequeño. 

De alguna forma los manifestantes iraníes deben intuir que cuando salen a la calle están contribuyendo a un cambio profundo que va más allá de que gobierne Ahmadineyad o Musavi. Esas manifestaciones sólo se producen en contextos revolucionarios o de golpismo reaccionario. Y ninguna de las dos opciones cuadra con la información de que disponemos.

Reconozco, sin más, mi desconcierto.