Es probable que, si el tesorero del Partido Popular, L.B., es condenado por varios delitos, el partido que lo ampara (y para el que habría delinquido) sacara mayoría absoluta en las generales. Es la conclusión que podemos sacar de las últimas elecciones municipales (2007) y de las recientes autonómicas. Salvo excepciones, cuando la ciudadanía tiene todos los datos para saber que un candidato gobernante no es trigo limpio lo respalda abrumadoramente.

En las últimas elecciones europeas Rajoy se volcó obscenamente a sacar votos de las imputaciones por corrupción de Camps y Fabra (la corrupción madrileña la siente como menos propia, no se sabe muy bien por qué) y ha obtenido su premio con un espectacular resultado en Valencia; en Madrid no se hizo las suficientes fotos con Ignacio González, o debería haber visitado la sede de Fundescam (¿tiene sede?) y además ha habido alguna dimisión. Todo ello posiblemente generó que el PP perdiera unos poquitos votos en Madrid, pero nada que nos preocupe: gran parte del madrileñato está dispuesto a premiar de nuevo el tinglado pepino.

Si Camps, Fabra o L.B. son condenados por alguno de los delitos por los que están (o estarán próximamente, en el caso de L.B.), es evidente que Rajoy tendrá una enorme responsabilidad política: no podrá decir que cuando los respaldó no se podía ni imaginar que a Camps le quisiera un huevo un corrupto que se pasaba veinte pueblos en regalos a la familia. Rajoy ha adquirido una responsabilidad política en estos casos de corrupción y quedará inhabilitado (aunque no se dé por enterado) para la administración de lo público.

Pero no es el único. Tantos millones de votantes a los que no les importa manchar las urnas con su respaldo consciente a los corruptos asumen también una responsabilidad política. Políticos somos todos y todas en cuanto ciudadanos y, con nuestras acciones y omisiones somos también políticamente responsables.

Muchas veces podemos mirar para otro lado. Incluso tras haber votado (único ejercicio de ciudadanía que contempla demasiada gente) podemos señalar que tal o cual aspecto de la opción política a la que hemos dado nuestro apoyo es absolutamente secundario. En otras ocasiones hay aspectos que son evidentemente primordiales: quienes votaron a pesar de todo al PSOE en los años en los que toda su cúpula se iba a Guadalajara a acompañar a secuestradores asumían conscientemente ese aval como responsabilidad política; quienes votaron al PP en 2003 y 2004 con las bombas de las Azores destrozando vidas en Irak (y en Madrid) no se pueden considerar completamente ajenos a las responsabilidad que emana de aquellas bombas.

El PP planteó las elecciones europeas como un respaldo a quienes ataban las instituciones con una Correa. Pretenden ahora que las urnas muestran que Camps, Fabra, Costa,… son inocentes. Lo único que han mostrado las urnas es que hay miles y miles de cómplices. 

Desde hace tiempo defiendo que el voto debería ser público para poder pedir responsabilidades políticas a los ciudadanos. A muchos habría que pedirles que dimitan de votantes.