Uno de los resultados más sorprendente de las elecciones ha sido el escuálido resultado electoral de Izquierda Anticapitalista. Desde hace semanas en la izquierda alternativa era evidente que no cumplirían sus expectativas iniciales de convertirse en  un referente como lo ha sido el NPA francés (que tampoco ha salido bien parado de las europeas). Sin embargo no era previsible que se quedaran en los 25.000 votos obtenidos, muy por detrás del Partido Antitaurino y junto a Por un mundo más justo. El resultado es cuantitativamente muy pobre.

Izquierda Anticapitalista competía por el nicho electoral que hay en la zona izquierda del electorado de Izquierda Unida. Es evidente que no han conseguido arrebatar apenas votos de ese tenor. Sin embargo durante esta campaña han generado un ruido muy importante, porque el hueco que deja Izquierda Anticapitalista en Izquierda Unida no es cuantitativo, sino cualitativo. Un importante número de profesores universitarios e intelectuales que se han movido en el ámbito de Izquierda Unida tradicionalmente este año han enriquecido las filas de IA. Han dejado aquí un hueco difícil de cubrir y que para una izquierda no borrega, una izquierda crítica y contestataria es fundamental. IA ha fracasado a la hora de conseguir fuerza electoral (¡es difícil sobrevivir, con que imaginemos lo que debe de costar nacer!), pero ha trabajado muy bien a la hora de conquistar élites intelectuales y generar simpatías en ciertas izquierdas sociológicas. La repercusión cualitativa de Izquierda Anticapitalista sí es muy relevante.

Izquierda Anticapitalista no es un grupo de sectarios de extrema izquierda con vocación de marginalidad como otros que sacan papeletas electorales en cada convocatoria. Tampoco es una izquierda trepa que se esconde tras un discurso incendiario a la caza de la liberación personal. Izquierda Anticapitalista es una izquierda inteligente, radical, interesante, crítica y enriquecedora con quien uno encuentra pocos motivos de desencuentro sustantivo: el desencuentro parece más operativo que político entre una parte relevante de IU e IA. Los resultados de ayer son reveladores: IA se encuentra con la irrelevancia cuantitativa fuera de IU; pero IU aparece coja sin la compañía de la gente de IA. Para ambas partes supone un error grave caminar separadas; un error que sólo puede satisfacer el orgullo, pero es políticamente estéril si queremos que se tambalee un sistema injusto y disfuncional. Un sistema, por cierto, que se fortaleció en Europa el domingo pasado mientras discutíamos quién tiene la papeleta más grande.

Una parte sustancial de esa refundación que hoy es inexcusable es la convergencia de toda la izquierda que no forma parte de Izquierda Unida. Aunque uno tenga sus simpatías, esa izquierda con la que nos debemos encontrar no se encuentra sólo a la izquierda de IU (si es que IA está a la izquierda de IU); también tenemos que buscarnos en movimientos ecologistas, en republicanos, en demócratas radicales,… La izquierda a la que el neoliberalismo deja fuera es muy amplia. Y la que recoge cada una de sus organizaciónes es cada vez más pequeña.