«Joder, si nos denuncian el Pocero y la SGAE… algo debemos de estar haciendo bien», decía ayer Paco_Valencia, habitual comentarista de este blog. Posiblemente es el comentario que mejor resume en qué se ha convertido la SGAE en el imaginario social. Ellos mismos lo deben de saber cuando desmienten su propia naturaleza: dicen que no es la SGAE la que quiere recaudar 15.000 euritos de nada por silbar el que se ha convertido en el lema de campaña: «A por ellos, IU«.
Sin embargo, la noticia de Tercera Información cuenta que el representante de Alfonso Aguado, Bernardo Blaya, se presentó anunciando que si por él fuera pediría 18.000 euros, pero que la SGAE le había recomendado que pidiera 15.000 euros porque las europeas son unas elecciones menores, según ellos. ¿Mintió Bernardo Blaya al comentar que la SGAE le aconsejó que pidiera 15.000 euros?
Cito de otra noticia de Tercera Información:
En la página web de la SGAE, citan textualmente que «Los autores tienen derecho a recibir una remuneración por la explotación comercial de las obras. Lógicamente, el autor por sí mismo no puede hacer valer estos derechos. Al asociarse y declarar sus obras, el autor delega esta función en la SGAE quien, en su nombre, concede las licencias que permiten la utilización de sus creaciones. «
Con lo escrupulosa que es la SGAE con estas cosas, cuesta creer que el socio Alfonso Aguado sea el único que fuera a cobrar los derechos del cántico mientras todos los demás socios ceden a la SGAE la gestión colectiva de esos derechos. Si así fuera, la SGAE tendría que explicar a sus socios por qué Aguado puede cobrar él mismo sus supuestos derechos y el resto no.
La SGAE se ha labrado la imagen que tiene a pulso. Si cada pocas semanas nos enteramos de que la SGAE aprovecha los conciertos benéficos para hacer caja, ayer se conoció esta denuncia de cómo representantes de la SGAE utilizaron la mentira y el miedo para poner en solfa los derechos fundamentales de un ciudadano (y de su hermano, que es otro ciudadano).
Uno está en contra ideológicamente de la existencia de organizaciones privadas que cobren impuestos. Los impuestos los cobran los estados y las mafias. Pero quienes defienden que una sociedad privada cobre impuestos al consumo de decenas y decenas de productos estarán de acuerdo en que la sociedad privada en cuestión da cada día un ejemplo más de estar lejísimos de la realidad e incluso de los autores, y estar más cerca de ser un nido de avaros que nada tienen que ver con la cultura. Si han conseguido que ser denunciado por la SGAE sea motivo de reconocimiento social, ¿no será que han hecho algo mal?
Oh! citado directamente en un articulo… una lagrimilla de ilusión me rueda por la mejilla.