Nuestro código penal establece que comete delito de prevaricación aquella autoridad pública que tome una decisión injusta a sabiendas. Es el tipo penal por el que el grupo ultra «Manos Limpias» trata de empurar a Garzón por haber investigado los crímenes del franquismo y haber intentado (hasta que el gobierno le consiguió detener a través de la fiscalía) exhumar a los miles de asesinados que siguen enterrados en fosas comunes y cunetas.
Conozco buenos juristas que avalan la decisión de Garzón, que cuentan que armó un buen entramado jurídico para que la investigación tuviera cobertura legal. Lo que nadie niega es que la excepcionalidad de la acción de Garzón es una consecuencia de la insuficiencia de nuestra transición y de la complicidad de los sucesivos gobiernos con la desaparición de miles de ciudadanos españoles. También es una consecuencia de las carencias de la Ley de Memoria Histórica, que no incluyó la obligatoriedad para las administraciones públicas de ayudar a los familiares a encontrar a sus muertos y a enterrarlos decentemente.
Un país que sigue teniendo fosas comunes de una dictadura esparcidas por sus pueblos y ciudades, es un país que lleva más de treinta años actuando con injusticia a sabiendas (como continuación de otros cuarenta años de consciente injusticia). Un país que es timorato a la hora de eliminar de su callejero la referencia a brutales genocidas, como la calle del General Yagüe, junto a la que se encuentra el Ministerio de Defensa en Madrid, es un país que sigue humillando a las víctimas de un régimen terrorista.
Supongo que la querella de los ultras tendrá poco recorrido. Tampoco me importa demasiado la suerte personal de Garzón, algunas de cuyas actuaciones impiden tenerlo por el mayor demócrata que alberga la judicatura. Sin embargo la mera admisión a trámite de esta querella es un síntoma de esa transición siempre inacabada y enferma de franquismo desde su nacimiento. Y de los nexos ideológicos y afectivos que unen a importantes jueces con la dictadura.
El parto es el momento más delicado de nuestras vidas. Si ocurre cualquier complicación en él, podemos estar arrastrando las consecuencias toda la vida. La sacrosanta transición nació enferma de franquismo y en esas estamos. Hasta que tomemos la decisión de dejar de honrar a los criminales franquistas y comencemos a poner en el centro de nuestras atenciones a sus víctimas, no podremos dar por concluida transición alguna: seguirá teniendo todo una apariencia de haber estado atado y bien atado.
España actúa injustamente a sabiendas. España prevarica. Desde 1939.
Solo puedo decir bravo, absolutamente de acuerdo con tu escrito de hoy.
Saramago tambien escribe hoy sobre esto:
http://cuaderno.josesaramago.org/
70 años después de la sublevación militar, se sigue castigando a las víctimas, y homenajeando a sus verdugos.
No es cierto, como se ha dicho de las víctimas de ETA, que tengan siempre razón. Lo que sí es cierto, en cualquier caso, es que merecen dignidad y reparación. Sólo las víctimas de ETA la tienen. Pero no las víctimas del fascismo.
Se les aplicó condena a pena de muerte y olvido. La segunda parte de la sentencia la seguimos aplicando cada día que pasa.
Mendigo ha escrito en su blog Energía limpia