Todo el mundo es cómplice de ETA. Quien más, quien menos está en el entorno, o en el entorno del entorno del entorno del entorno, o una vez se tomó una caña en una herriko, u otra vez vio a Otegi en la tele y no destrozó el aparato con un bate de beisbol. Por supuesto la izquierda batasuna es ETA; también Aralar, claro (si no, ¿por qué no hay gobierno de izquierdas en Navarra?); por supuesto el PNV, Eusko Alkartasuna y Ezker Batua, saliente tripartito del odio y el frentismo; desde el 11-M y durante la tregua el propio PSE y ZetaP fueron ETA…

No es la primera vez que se acusa a la policía de ocultar pruebas al poder político sobre ETA en sentido amplio. Uno de los relatos de la conspiración de los peones negros se basaba en que la policía no había facilitado información a Acebes y por eso éste había hecho (otra vez) el ridículo. Ayer Conde Pumpido entró de lleno en la lógica de la conspiración: no es que él no tuviera pruebas, es que la policía se las da a Garzón. Los únicos que aportan pruebas son los miembros de la Benemérita.

Sin embargo uno diría que no debe descartarse que la Guardia Civil esté también en el ajo proetarra: en general cualquiera puede pensar que la presencia de gente que no tiene restringido el derecho de sufragio pasivo no es ninguna prueba de que una lista sea de ETA; pero en las últimas ilegalizaciones el gobierno dio una triple pirueta (con red judicial debajo, eso sí) y reconoció que ilegalizaba Askatasuna sin pruebas ni indicios, sino con un novedoso «relato de indicios«. En algún otro caso lo que se hizo fue construir imputaciones para evitar que las condenas se rigieran por algo tan peregrino como una sentencia.

Ni la Guardia Civil ni la Policía ni juez alguno han presentado pruebas de todo lo que se ha dicho a la opinión pública: ni una prueba de que la financiación de ETA y la de Batasuna fueran vasos comunicantes; ni una prueba de que ANV, AuB, Askatasuna, EHAK, y un largo etcétera fueran lo mismo que Batasuna y por tanto lo mismo que ETA. Más de una década después todavía nadie ha explicado por qué se cerró un periódico como Egin, a pesar de que hay pocas cosas más graves en una democracia que cerrar un periódico o ilegalizar un partido.

No nos equivoquemos: cuando Aznar cerró sin pruebas Egin utilizando a Garzón (pero sin disimular que el juez era un títere: Aznar reconoció públicamente que éramos nosotros quienes nos atrevíamos a cerrar Egin) ya empezaba a ser víctima de ese complot policial que se negaba a aportar pruebas.

Desde Aznar a Conde Pumpido España no se arruga ante los complots: si la policía se niega a aportar las pruebas, cerramos lo que haya que cerrar sin pruebas, que esto se arregla en dos patás. El Estado de Derecho es una mariconada. O peor, una mariconada del entorno de ETA.