La derecha entera y la izquierda más española están encantadas por las fotos que se están produciendo en el parlamento vasco y por la que se produjo ayer en Praga.
En Euskadi vemos el triunfo de «la libertad» encarnado en una presidenta del parlamento que antepone la obediencia a Ratzinger frente al uso de la razón. Pronto veremos enterrada aquella consigna de la «España plural» a la que se aferraba Zapatero para diferenciarse de Aznar, por esta unidad de los demócratas para la libertad, heredada de Mayor Oreja que consideraba demócratas sólo a quienes tenían el corazón rojigualda. Es el triunfo de la mezcla entre el nacionalismo decimonónico y la reacción nacional del XX: «libertad», como «constitución«, quiere decir España. No hay libertad ni constitución que no se hagan en nombre de España; y la mera invocación de esta madre patria ya significa la consagración de la libertad y de los valores constitucionales. La libertad será el fin de ¡Vaya semanita!; la constitución no será la efectividad del derecho a la vivienda (en Euskadi precisamente ese valor constitucional quedará deterioradísimo).
Uno esperaba de tan exaltados patriotas que exigiesen hacia fuera la misma firmeza en la defensa de la autonomía nacional que exigen hacia dentro en la defensa de su homogeneidad. Pero no. La mejor noticia que ha tenido la diplomacia española desde que nos piramos de Irak ha sido la demostración de que somos el siervo favorito del nuevo señorito. Zapatero había alcanzado su máxima popularidad con el primer gesto de independencia política que había demostrado España en décadas; pero no aspirábamos a tener posiciones políticas propias, sino a ser una colonia de un señorito más amable, menos zafio. Zapatero está haciendo lo mismito que Aznar: embarcarse en una guerra (en este caso se doblegan esfuerzos en Afganistán) para ganarse el afecto del líder mundial, para sacarnos del rincón de los libros de Historia, para llevarnos al G-x y poner los pies encima de la mesa.
Si muchos repudiamos el nacionalismo español más que ningún otro, es porque simplemente ha cogido lo más reaccionario de cualquier posible nacionalismo y se ha olvidado de los valores de emancipación colectiva que aquel nacionalismo liberal pudo introducir. Es un nacionalismo intransigente con las minorías internas y servil con las poderosas fuerzas externas. ¿Alguien da mas?
La foto de hoy de la portada de El País, dónde se ve un Zapatero, emocionado, cómo si fuera una jovencita delante de los Back Street Boys, da vergüenza ajena, la verdad…
Nynaeve ha escrito en su blog La Finca de Vista Alegre, lo que podría ser una buena noticia…
Hugo ¿no exageras «un poco» al final?
Hablando de reaccionarismo ¿es lo mismo el nacionalismo franquista que el actual? Hablas de «lo más reaccionario de cualquier posible nacionalismo», francamente, el mundo está lleno a nacionalismos más reaccionarios y extremistas que el del PP o el del PSOE. Tan intransigente con las minorías externas que practica un férreo centralismo, ejecuta sistemáticamente a los disidentes y prepara el genocidio de hablantes de euskera y catalán. Porque eso es lo que suelen hacer los nacionalismos radicales, reaccionarios e intransigentes.
Pero me da a mí que ni Patix López, ni Basagoiti, ni Carod, ni Ibarretxe, son nuevos Pavelic.
No, no voy por ahí. El nacionalismo puede jugar un papel emancipador. De hecho, no puede haber democracia representativa sin un ‘demos’, que viene a ser la nación. También puede ser un instrumento de rebeldía frente a pueblos más fuertes… Nada de eso ha sido importante en el nacionalismo español, pero sí en los nacionalismos vascos, catalán y gallego.
El nacionalismo también puede jugar un papel homogeneizador, es decir, laminador de las minorías. Y eso sí está en la tradición del nacionalismos español, obsesionado con las lenguas «periféricas», frente a la «común».
A lo que voy es a que el nacionalismo español a cogido aquellas cosas que hacen detestable al nacionalismo y no aquellas cosas que pueden hacerlo saludable. Pero claro que, dentro de eso, hay grados.
RESPUESTA DE PRESIDENCIA A PARADOS EN ACCION
Contesto al escrito que ha enviado al Presidente del Gobierno en el que le solicitaba su apoyo para un rescate global de las economías con el fin de evitar una crisis más profunda y de luchar contra la pobreza.
A este respecto, y una vez celebrada la cumbre del G-20 en Londres, le comunico que en la misma, ha habido y hay una voluntad de unión, de acuerdo y de entendimiento por parte de los países participantes, siendo los compromisos más importantes de esta cumbre los siguientes:
Puesta en marcha del mayor Plan de Expansión Fiscal Concertado de la historia, dotado de 5 billones de dólares que contribuirán a facilitar una recuperación de la economía mundial y también a mantener y crear millones de empleos.
Establecimiento de un nuevo Consejo de Estabilidad Financiera con un mandato reforzado que sustituya al actual Foro de Estabilidad Financiera y que incorpore todos los países del G-20, más España, Suiza, Países Bajos, Singapur y la Comisión Europea.
El Consejo de Estabilidad Financiera debe realizar la nueva regulación del Sistema Financiero Internacional y colaborar estrechamente con el FMI.
El objetivo de esta tarea es perfeccionar unas normas que impidan que se vuelva a producir una situación como la que se ha vivido en el Sistema Financiero Internacional, con el uso de productos financieros sin garantías, sin control, y que han provocado la recesión económica más grave desde la Segunda Guerra Mundial.
Ampliación de los recursos puestos a disposición de las instituciones financieras internacionales y, en particular, del FMI, en 850.000 millones de dólares, de los cuales 750.000 millones se destinan al FMI y 100.000 millones para otros organismos multinacionales como el Banco Mundial.
La aportación de España a esta ampliación de recursos será aproximadamente de 4.000 millones de Euros.
Todos estos recursos se destinarán a impulsar el crédito, el crecimiento económico y el empleo en los países emergentes y en los países menos desarrollados.
Reconocer la publicación por parte de la OCDE de la lista de paraísos fiscales y jurisdicciones no cooperativas, con el objetivo de poner fin a toda una etapa de falta de transparencia e impunidad fiscal. Y ello, porque esta situación es inadmisible en un orden financiero internacional que esté sometido a las reglas del Estado de Derecho, a la transparencia y, por supuesto, a la ética.
Reafirmar nuestro compromiso de apoyo al comercio internacional, en contra del proteccionismo, y movilizar los recursos necesarios para apoyar la financiación al comercio internacional.
El Presidente del Gobierno ha reiterado el compromiso de España en el cumplimiento de los objetivos del milenio en este momento de crisis económica y de recesión grave, en el que no debemos olvidar la lucha contra la pobreza y la miseria a favor de los más débiles.
Reciba un cordial saludo. José Enrique Serrano Martínez. Director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno.
klausss69 ha escrito en su blog RESPUESTA DEL GABINETE DE PRESIDENCIA A PARADOS EN ACCION
Hugo, de acuerdo con tu matización, pero aún podría señalarse que muchas de las cosas que achacas al nacionalismo español son propias en general del nacionalismo, o al menos de la gran mayoría de los nacionalismos. Y, por otro lado, no todos los nacionalismos y nacionalistas españolas han sido iguales.
Por ejemplo, el tema del «papel homogeneizador, es decir, laminador de las minorías» es muy característico de los nacionalismos, creo que los casos vasco y catalán no son una excepción en el esfuerzo de homogeneización, de propaganda, difusión y creación de un cierto modelo de lo que debe ser («es» para los nacionalistas) «lo vasco» o «lo catalán». Papel homogeneizador que han compartido con el español los nacionalismos de otros países cercanos: Portugal, Italia, Francia…, países que ahora mismo tienen sistemas más centralistas y políticas más homogeneizadoras que en el caso español.
Por otro lado, inequívocos nacionalistas españoles como Indalecio Prieto o Manuel Azaña ¿deben ser incluidos en esa visión del nacionalismo español? El discurso españolista del republicanismo fue compatible -cierto que no sin algunas tensiones- con la idea del «Estado integral» y la aprobación del Estatut de Catalunya. Estado el de la II República, por cierto, mucho más centralista que éste actual.
Estamos de acuerdo: lo que pasa es que los nacionalismos vasco y catalán sí incorporan el factor emancipador que el español no incorpora: tienen lo peor del nacionalismo y también lo mejor; el nacionalismo español sólo tiene lo peor del nacionalismo.
En cuanto a Prieto y Azaña (conozco menos a Prieto que a Azaña, la verdad) creo que el republicanismo español tuvo un punto del mejor nacionalismo liberal, pero la nación de la que hablaban era una muy distinta de la nación de la que hablan los nacionalistas que se envuelven en la rojigualda. La España de estos es la España católica, uniformizadora, rancia… aquella era una nueva España ilustrada, abierta, diversa. Hoy hay poquísimos restos de aquella forma de patriotismo republicano.