Si algo está claro tras los resultados de las elecciones de ayer es que Galicia y Euskadi tendrán la próxima legislatura gobiernos con un apoyo parlamentario más a la derecha y más centralista que en la legislatura anterior. En el caso gallego eso es inequívoco y en el vasco lo será en cualquiera de las combinaciones posibles.

Las grandes derrotadas han sido las izquierdas, muy diversas, que han estado en la cultura del poder. En Galicia y en Euskadi, las fuerzas de izquierda acomodadas a esa cultura han recibido un golpe electoral brutal. Es la única forma de interpretar que no prendiera la ilusión por el cambio político en Galicia y que en Euskadi hayan tenido un resultado malísimo Eusko Alkartasuna y, sobre todo, Ezker Batua. Ezker Batua no ha perdido casi la mitad de sus votos por ser demasiado «nacionalista«, como se suele interpretar por aquí: todo apunta a que muchos de sus votos se han ido a Aralar. Al menos yo he recibido más de un mensaje de votantes tradicionales de EBB que esta vez iban a votar a Aralar por un excesivo acomodamiento al poder en la que se habría instalado EBB. Aralar, una izquierda que se ha mantenido crítica sin renunciar a ser gobierno ha subido espectacularmente. Y la izquierda abertzale ilegalizada no ha perdido, pese a todo, ni un sólo voto con respecto a lo previsto: decíamos ayer que «en estos años de ilegalizaciones el resultado ha sido absolutamente previsible: si hay candidatura 150.000 votos; si no la hay 100.000«. Y ayer fueron 100.924 votos nulos.

La izquierda debe aspirar al gobierno, cómo no. Pero el gobierno y la cultura del poder no son lo mismo. La izquierda gallega ha sido increíblemente acomodaticia y lo ha pagado caro. Eusko Alkartasuna también. Y Ezker Batua-Berdeak ha desarrollado una buena política de vivienda, según casi todo el que la conoce, pero no ha sabido mantener una distancia crítica, cuando no una confrontación, con las prácticas propias del poderoso. No ha sido lo incómoda que tiene que ser la izquierda.

Hay que volver a ser incómodos, hay que volver a ser la mosca cojonera del poder. Para Euskadi será peor no contar con la política de vivienda de EB-B. Pero acaso para EB-B pueda ser revitalizante estar alejada un tiempo del poder. Hay que gobernar, pero manteniendo el enfrentamiento al poder.