Ya sabemos que Garzón no sólo es radicalmente garzonista, sino que también es un peligroso izquierdista. Hemos aprendido esta semana que podemos tener la piel especialmente fina para aceptar o no a un juez. La actitud que tiene el PP contra Garzón nace de una honda preocupación democrática por la imparcialidad del juez, no de su voluntad de que todos los jueces estén a su favor.

Las diligencias que está instruyendo Garzón sobre la trama pepina de adjudicaciones no son las únicas abiertas estos días. El titular del juzgado de instrucción número 47 de Madrid, José Sierra, tiene en sus manos el sumario sobre el espionaje y las tramas corruptas específicamente madrileñas. Llama la atención que el juez se centre aparentemente en el espionaje (que es lo que quiere el PP) y no tambié en la corrupción (que es lo que querría cualquier ciudadano que quiera limpiar la política). Es como si Garzón, cuando instruyó el caso GAL no se hubiera centrado en el secuestro de Segundo Marey, sino en cómo obtenían la información Diario 16 y El Mundo.

De las ideas de José Sierra, juez titular  de instrucción número 47 de Madrid podemos tener alguna pista. Os acordaréis de él seguro. Fue el juez que instruyó un caso sin ningún contenido contra la clínica madrileña Isadora, a quien persigue la derecha integrista por realizar interrupciones voluntarias del embarazo de acuerdo con la ley. El verano pasado estábamos todos y todas indignados porque el juez José Sierra se disponía a entregar al partido ultraderechista Alternativa Española un listado con todas las mujeres que habían decidido interrumpir su embarazo en tal clínica.

Hubo un cierto consenso social según el cual el tal juez Sierra debía ser un ultraconservador de mucho cuidado. Ese mismo juez es el que ahora tiene en su despacho el primer caso que se abrió sobre el gobierno ultraconservador de la Comunidad de Madrid: el de los dossiers sobre Ignacio González, las adjudicaciones a familiares, los espionajes, los «delitos de prevaricación» del capítulo 4.2 del dossier…

No tengo ni mucha ni poca confianza en los jueces. Garzón y su ego no me ofrecen ninguna y me parecería muy bien que otro juez siguiera con el sumario siempre que ello no supusiera encerrar el sumario en un cajón (vamos, que no suceda como con Fabra, que obliga a los jueces a dejar sus sumarios para esquivar a los tribunales vez tras vez). De hecho tiene pinta de que pronto el sumario pasará al TSJ de Madrid eliminando una excusa del suicida Mariano.

Lo que no puede haber es una doble moral como la que tienen todos los participantes en la foto de la última cena en Génova (doble moral es la media aritmética: hay algunos que tienen cuatro o cinco morales distintas, según convenga; otros muchos no tienen ninguna en ningún caso… la media es de dos morales por dirigente). Si un juez cuya tendencia política sospechamos debe ser recusado, ello vale siempre. Si no, no vale nunca. Lo mismo con Garzón que con Sierra. O todos o ninguno.