Eluana Englaro no murió ayer; murió en 1992, que es cuando dejó de vivir. Ahora podrán enterrarla. Su familia, su valiente, íntegro y admirable padre podrán ahora descansar. Salvo que los malvados lo persigan, algo no descartable.
Con esta desgraciada familia se han cebado hasta el ridículo los totalitarios Silvio Berlusconi y Joseph Ratzinger que han tratado de imponer sus prejuicios supersticiosos a la libre voluntad de quien no quería ensañarse, quien quería dejar de sufrir, quien quería libremente poner fin al horror y dejar paso simplemente a una tristeza aguda y solitaria pero al menos, ésta sí, inevitable. El maldito canalla que gobierna en Italia llegó a argumentar que Eluana Englaro debía seguir enchufada a los sueros porque «podría quedarse embarazada«.
El padre que sólo quería liberarse de una condena que nada tenía que ver con la vida ha tenido que tomar la trágica decisión sin calma, con prisa, no fueran a conseguir los cruzados condenarlo a mantener el cuerpo vivo de su hija muerta otros 17 o 30 años.
A Silvio Berlusconi y a Joseph Ratzinger les da igual la vida. Ambos se han codeado con asesinos sin afearles lo más mínimo la conducta. Ambos han participado en matanzas horrendas sin haber pedido nunca perdón por ello. No es la vida. Es el control de la moral de la sociedad lo que necesitan. Y si para ello tienen que hacer sufrir a un padre acusándole de asesinar a una hija a quien lleva cuidando diecisiete años de muerte y desesperanza no tienen ningún problema, porque el objetivo es muy superior. Ellos, como nuestro doméstico Lamela, no dudan en hacer infinito daño para mantener el poder totalitario sobre las vidas ajenas, sobre los principios; necesitan imponer conductas porque sólo con la imposición efectiva consiguen demostrar que la moral es cosa de ellos.
Afortunadamente han perdido. Espero ver ahora a quienes se quejan de que no sé qué asignatura de los colegios es totalitaria e intenta imponer una moral ajena, espero ver a quienes se dicen liberales, espero verles gritar contra Berlusconi, Ratzinger y Lamela y acompañar a un padre en la más triste victoria que se puede tener. La victoria contra los malvados para conseguir sufrir a solas.
Lo que es más vergonzoso es que estos dos, que dicen creer en el cielo, la vida eterna y todo eso, quieran que una familia siga sufriendo.
Don Daniel ha escrito en su blog Madagascar, ¿qué está pasando?
Un respeto.
He repasado los diez mandamientos y en ninguno dice que la crueldad sea pecado (a no ser que lo de los actos impuros se interprete en un sentido novedoso).
Así pues, se puede ser cruel y cristiano, lo que explica el caso de esta muchacha y tantas otras cosas y casos.
Hay veces que la mezcla de odio triste y pena fría da como fruto una explicación completa e inapelable de las cosas. Como ha ocurrido con esta entrada suya. No me gusta dorar la píldora, pero me quito el sombrero.
Un saludo.
AF ha escrito en su blog Intoxicación pro-monárquica de la televisión pública
En estos últimos dos días he leído una entrevista dura, triste y no muy esperanzadora del autor de Gomorra, Roberto Saviano y he seguido bastante toda la historia de Eluana. Si las junto aquí, es porque me ha dejado helado la manera en que la masa se arroja a alimentarse de la mierda sin importarle su sabor, sólo el que haya mierda en abundancia, que sea prácticamente inagotable. A Roberto Saviano le insultan por la calle, le insultan públicamente deportistas. Media Italia come de la mierda que les da Berlusconi en forma de demagogia barata y le conceden más poder para que siga por el camino de imponer un régimen totalitario en Italia, el mismo al que iríamos si no tuviésemos el recuerdo tan cerca. Me han gustado las claves que das, porque a veces uno olvida que la forma más fácil de convertirse en un referente moral es la represión: es tan poco sutil que es increíblemente efectiva.
Odio triste y pena fría… qué buena descripción.
A veces la cabeza hace conexiones que luego se confirman. Roberto Saviano hablando sobre todo esto:
http://tinyurl.com/dglfd6
Muy recomendable…