Garzón ha decidido pasar al ataque y, antes de que la fiscalía y el Supremo se pongan a desarrollar ese sanísimo ejercicio democrático consistente en ilegalizar partidos políticos vascos (en este caso, el partido Demokrazia Hiru Milloi y Askatasuna), Garzón, fiel a su lema «Esa portada la vamos a ganar» ha encarcelado a unos cuantos presuntos autores de un delito de candidatura electoral.

Será la enésima ilegalización que se produzca en España desde el 11 de septiembre y su «todo vale». Todas ellas han cumplido un rito escenográfico idéntico. Primero el Ministerio del Interior anuncia que  los servicios de inteligencia están investigando si la lista x es una continuación de los partidos ilegalizados previamente. Para cuando se produce este anuncio ya todo el mundo sabe que la ilegalización se producirá. Unos días después algunos medios dan la primicia de que las investigaciones policiales han hallado nexos de unión (principalmente que alguien que fue en una lista de un partido ilegalizado también quiere ir en la nueva lista). Después se hace un informe de los abogados del Estado (como si fuera necesario argumentar algo), el fiscal presenta la denuncia y la sala que corresponde se reúne como si fueran a deliberar algo. Un día antes de que esa sala dé la razón al Gobierno, aparece Garzón en escena e ilegaliza previamente la lista.

Se supone que las ilegalizaciones tienen como objetivo la reducción del apoyo social a ETA. Sin entrar en los siempre incómodos principios democráticos, sólo hace falta una mínima mirada al pasado reciente para ver que si tal es el voto de la izquierda abertzale 2001-2008objetivo el resultado es un completo fracaso. En el cuadro de la izquierda podéis ver los distintos resultados electorales de la izquierda batasuna (hay más izquierdas abertzales que la de la órbita de Batasuna: estas ilegalizaciones van contra los sectores más importante de la misma, y ya nadie duda de que son operaciones contra movimientos políticos) *.

Las ilegalizaciones han llevado a los votantes de la izquierda batasuna a un frenesí electoral que hubiera destrozado a cualquier otro bloque político. Se les ha pedido que votaran a tres partidos distintos, en alguna ocasión avisándoles de que existía tal partido apenas diez días antes de la votación. Se les ha pedido que hicieran el esfuerzo de acudir a las urnas pero no para elegir representantes, sino para meter un voto nulo. En estos años de ilegalizaciones el resultado ha sido absolutamente previsible: si hay candidatura 150.000 votos; si no la hay 100.000. Si las elecciones son municipales, algo más.

El apoyo a la izquierda batasuna ha permanecido inalterable en estos años. La represión política lo único que ha hecho es cohesionar a un bloque que acaso tuviera mucho que criticar a sus propios dirigentes, pero que al sentirse ilegítimamente limitado opta por el prietas las filas. Sin duda, son muchos los factores que llevan a la izquierda batasuna a una estabílidad social absolutamente insólita, pero los ciclos de ilegalizaciones han hecho cualquier cosa menos debilitar esa cohesión.

Aparentemente ninguna mirada a los números hace pensar que las ilegalizaciones hayan tenido efecto positivo alguno para sus promotores.

Eso sí. El último euskobarómetro (la última encuesta que conocemos con reparto de escaños para las elecciones vascas) daba un crecimiento al bloque PP-PSOE de siete escaños de los nueve de la izquierda batasuna a repartir entre las otras listas: de los escaños que no ocuparía el PCTV-EHAK ¡el 77% se los quedarían PSOE y PP!. A lo mejor sí que tiene los efectos buscados por los ilegalizadores.

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* Sobre el cuadro hay que hacer unas pocas matizaciones: los votos nulos «obedientes» son los votos nulos que se produjeron en unas elecciones en las que no se permitió acudir a la izquierda batasuna con candidatura propia y ésta pidió el voto nulo. Pero del total de votos nulos he descontado los votos nulos que se produjeron en las anteriores elecciones del mismo tipo (si son unas europeas, en las anteriores europeas), para que podamos hacernos una idea de cuántos de esos votos siguen la consigna. Dado que es una estimación, el resultado es obviamente aproximado. Más difícil es analizar los resultados de las elecciones de 2007, porque entonces se dejó que ANV se presentara en unos cuantos municipios, pero no en otros (en unos pueblos era una organización terrorista y en otros no: son las cosas de la pluralidad), por lo que es probable que en esos 80.000 nulos haya alguno que  se produjera en pueblos donde ANV sí se presentara. Como no me dedico profesionalmente a esto, no he ido pueblo por pueblo estimando cuánto voto nulo es de la izquierda batasuna y cuánto es un voto nulo convencional. Pero dado que cuando todo el mundo puede presentarse hay muy pocos votos nulos, se puede pensar que en vez de 80.000 votos ‘obedientes’ fueron 77.000 y la cosa no cambia demasiado