Doy por hecho que el asunto del espionaje madrileño no es uno de tantos casos de madridcentrismo tan abundantes. No estamos ante una nevada que cae por todas partes sin que importe a nadie hasta que cae en Madrid y abre los telediarios. Como ocurrió con los tránsfugas Tamayo y Sáez, que dieron a Esperanza Aguirre una Comunidad Autónoma que había perdido en las urnas, el caso se sitúa como una de las formas de corrupción ética y política más escandalosas que ha habido en España desde Luis Roldán.

A estas alturas parece ya innegable que el tinglado montado viene a resumirse en la creación de un grupo parapolicial, el Equipo E, cuya finalidad es conseguir material con el que chantajear a políticos molestos para el entorno inmediato de Esperanza Aguirre.  Por otra parte, los chantajeados sólo pueden serlo si el Equipo E encuentran algo que denunciar. Tales serían los casos de Coslada y Ciempozuelos, donde el tinglado mafioso habría señalado casos repugnantes que merecerían haber sido descubiertos por la policía o los jueces en un Estado de Derecho. Pero también serían esos los casos de Manuel Cobo y de Ignacio González: la mafia les chantajeó o les podía haber chantajeado… porque había material con el que chantajearlos.

Como uno vive en Madrid tiene ya poca capacidad de sorpresa con respecto a la falta de ética en la política local. Sí, en cambio, llama la atención la facilidad con la que algunos despachan asuntos de una gravedad alucinante sin desmentir los hechos: basta con denunciar que es una campaña. Francisco Granados (el hombre que ha sostenido la mafia durante los últimos meses, pese a que ésta es estructural en la Comunidad de Esperanza: ya funcionaba con Alfredo Prada) no dice que él no tenga a su servicio al Equipo E, sino que es una campaña de El País para ocultar la entrevista a Solbes que publicó… El País. Es lo mismo que decía Felipe González cuando le fueron sacando pruebas de que bajo su gobierno se amparaba un festival de corrupción y crimen de estado: ¡Una campaña! ¿Y las pruebas que aportan? ¡Le he dicho que es una campaña! A una escala infinitamente menor, algunos tuvimos que escuchar lo mismo cuando hace apenas un mes exigíamos explicaciones a algún compañero por una denuncia periodística que no sólo no ha sido desmentida sino que ha terminado, de momento, en imputación judicial: sin desmentir nada, también aquello era una campaña. Ramón Calderón también denunció una campaña de Marca contra él, que no le llevaría a dimitir, porque eso sería una cobardía.

Doy por hecho que El País tiene tantas o más ganas que yo de que caiga el gobierno de Esperanza Aguirre. Yo, lo confieso, también estoy en campaña contra Esperanza Aguirre. ¿Y qué? Si un gobierno autonómico, sin apenas competenias en seguridad, monta un tinglado parapolicial ilegal que espía a ciudadanos y cargos públicos para servir políticamente a responsables políticos, ¿qué narices más dará qué intenciones tenga el denunciante?

«Señoría, no digo que no matara a esos cuatro niños: lo que digo es que el padre de los asesinados me ha denunciado porque me odia». Pues eso.