Hace ya casi dos días de la destitución de Nacho Escolar al frente de Público.  Ni el día de la destitución, ni ayer, ni hoy da explicación alguna el diario que nació presentándose como un diario que es «el tuyo», pero que al parecer no considera dar explicaciones a estos supuestos «propietarios» de la destitución del director. En la edición de ayer, lo único que se decía es que Nacho Escolar había llevado Público a grandes cifras de ventas: no sé si son grandes, pero es absurdo que la única explicación que se dé del cese del director es lo bien que éste lo había hecho. Da la impresión de que ni los propios trabajadores de Público más importantes tengan demasiada información sobre qué haya pasado. Muchos de ellos son blogueros y en ninguno de sus blogs se da explicación alguna. Y quien ha pasado un rato con alguno de ellos no ha conseguido más que impresiones, por la falta de información que tienen algunas de las caras más visibles de Público.

Aunque la destitución de Escolar sea el más sonoro bandazo dado por Público, no es ni mucho menos el primero. Recordemos que el diario nació con Fernando Garea como uno de los periodistas de más relumbrón del periódico (arrebatado a El Mundo). A los pocos meses consiguieron contratar a Ernesto Ekáizer para un puesto que se inventaron y que parecía estar por encima del director. Ekáizer abandonaba El País pero generaba cierta controversia: creo recordar que Fernando Garea duró aproximadamente una semana compartiendo páginas con Ekáizer y se fue a El País, donde ahora tiene algún protagonismo en la sección de Nacional. Pocos meses después el propio Ekáizer era despedido de Público, entre otras cosas porque no se le conocía gran actividad periodística allí, salvo aquella brillante información exclusiva en portada según la cual el actual presidente del Partido Popular no es Mariano Rajoy, pues no fue elegido presidente en su último congreso por decisión propia (propia de Mariano, se entendía, no de Ernesto). Juan Pedro Valentín, cabeza de la parte administrativa de Público, también abandonó sus funciones en estos pocos meses.

No conozco al nuevo director de Público, Félix Monteira. Reparé en su existencia por primera vez el día de reyes, cuando el propio Escolar anunció en su canal de twitter que Monteira dejaba El País. Dado que olía a fichaje del periódico que yo leo en primer lugar busqué quién era este tal Monteira y encontré un texto de hace casi  tres años de Manolo Rico, responsable de Política de Público en quien tengo una gran confianza. Según aquel texto, el nuevo director puede ser un gran director. No lo sé: ya se verá.

No tenemos ni idea de para qué se ha hecho el cambio. Hay quien aventura que, tras enganchar a los lectores jóvenes se apuesta por crecer hacia un modelo más tradicional buscando lectores de El País. Otras personas como Amei dan alguna información para hacernos una idea. Juan Varela daba su impresión en su blog:

El perfil profesional de Félix Monteira no es el de un innovador. Él mismo ha reconocido a menudo que lleva «el ADN de El País en la sangre» y defiende el periodismo de calidad tradicional. Según varias fuentes de los medios de comunicación consultadas, que prefieren no ser citadas, en el cambio de director subyace el objetivo de consolidar el nuevo diario, acabar de posicionarlo políticamente el año que el Gobierno debe decidir si aprueba la TDT de pago, primer objetivo de Roures y su guerra del fútbol con Sogecable, y aprovechar para asestar un golpe duro a un El País con una redacción cada día más desencantada, una dirección desprestigiada internamente y una situación económica crítica por las deudas de Prisa.

Hace unos días en la SER comentaban que se había firmado la paz en la guerra del fútbol. Sorprendentemente, en la foto que ilustraba la noticia en el diario de ayer aparecía Monteira en la redacción de Público delante de una televisión que tenía sintonizada CNN+ (no La Sexta, ni el canal 24h -donde es responsable ahora Valentín-). Y el fichaje de Monteira se presentaba en Público como el de alguien que tenía la virtud principal de haber trabajado en PRISA durante 33 años. No parece la forma más agresiva de atacar en una guerra empresarial…

No tengo ni idea de por dónde van los cambios. Lo siento en lo personal, pues esto de Internet genera afectos incluso con gente a quien uno no ha visto en persona. Como lector, simplemente no lo entiendo. Pero veo que es uno de tantos bandazos que la propiedad de Público ha dado en los pocos meses que el periódico lleva con vida. Desde fuera, no veo que sea prudente poner a prueba a los lectores con tanto cambio antes de la consolidación: los comentarios que tuvo el periódico al anunciar el cambio de director son prueba del descontento generado por la marcha de Escolar. En cualquier caso, deberían tener claro que el ámbito de lectores del que se nutre Público está claramente a la izquierda de El País, que si alguien se imagina una réplica de El País nos quedaremos con el original. Hay lugar mediático  para una izquierda crítica; de hecho, lo hay para una izquierda más crítica que lo que a veces ha sido Público. Lo que acaso no haya es espacio para dos diarios El País.

ACTUALIZACIÓN: Veo que el gran Rafael Reig sí comenta en su carta con respuesta lo que yo decía: que no tienen ni idea. Muy recomendable el artículo. Es la única explicación que veo hoy en Público sobre el cambio de director y la hace alguien a quien nadie le ha explicado el cambio.