En los últimos años se ha puesto de moda la figura del trabajador por cuenta ajena que se da de alta como autónomo, pero trabaja sólo para una empresa con horario fijo y un mismo escritorio, con su ordenador del que es propietaria la empresa que paga todos los meses una factura que hace las veces de nómina. La primera vez que tuve conocimiento de tal forma de esquivar el Estatuto de los Trabajadores fue a través de un amigo, hoy felizmente payaso, que fue contratado por el Ministerio de Medio Ambiente. Iba a trabajar en una biblioteca del ministerio de 9h a 14h de lunes a viernes, cobrando cada mes… pero su seguridad social la pagaría él como autónomo, ¡incluso le pedían que depositara una fianza de seis meses de sueldo para empezar a trabajar!

Poco a poco voy teniendo amigos y clientes de mi trabajo en los más diversos sectores que se acogen a ese mismo estatus (sin la fianza, claro) para poder trabajar: arquitectos, informáticos, albañiles,… cobran una factura cada mes y cotizan una miseria a la Seguridad Social.El invento es más o menos rentable para todo el mundo. La empresa (¡o el Ministerio!) se ahorra una pasta en cotización social; el trabajador consigue un puesto de trabajo e incluso algo más de salario líquido pues parte de lo que deja de cotizar la Seguridad Social se traduce en incremento de sueldo (en el mejor de los casos); la Seguridad Social no sale del todo bien parada, porque recibe menos ingresos, pero entiende que ingresaría menos  si estos trabajadores estuvieran en el paro y que, al fin y al cabo, no tendrá que pagarles si caen enfermos o son despedidos.

Tan es así que el Ministerio de Trabajo reguló la figura del trabajador autónomo de dedicación exclusiva a una empresa, lo cual es una contradictio in terminis de libro: es un autónomo dependiente.

Hasta que llega el momento de la crisis. Muchos de estos trabajadores por cuenta ajena están siendo ahora despedidos. Especialmente arquitectos, albañiles… los más vinculados con la construcción, pero es sólo un primer paso. Son despedidos y se quedan con una mano delante y otra detrás. Como jurídicamente no son trabajadores por cuenta ajena no cobran indemnización alguna por ser despedidos: a efectos legales es como si yo no llamara más a mi fontanero de siempre. Como son autónomos no tienen derecho a prestación por desempleo (Corbacho ha prometido que la tendrán antes del 2012, es decir, cuando vuelva a haber trabajo). Ahora se están encontrando en la calle y sin un sólo derecho.

El efecto de la desregulación que han promovido PSOE, PP y sindicatos lo están pagando los trabajadores. Lo único bueno de la crisis es que ha llegado antes de que ese modelo fuera absolutamente general, un poquito antes de que los autónomos de dedicación exclusiva y los trabajadores de ETTs copasen el conjunto del mercado laboral dejando a los trabajadores con algún derecho social como una mera antigualla. Ha llegado muy poquito antes. Pero ha dado tiempo de que aprendamos que la desregulación sistemática a la que nos condujeron los dogmas dominantes era pan para hoy y hambre para mañana,… salvo para las empresas que consiguen pan para hoy, para mañana, pan para siempre.