Se está difundiendo la idea según la cual la política de la IX Asamblea se aprobó una política que venía de un bloque (el conformado por la N-II e IU Abierta) frente al de Otra IU es posible y que por tanto debería ser alguien del primer bloque quien frene la candidatura de Cayo Lara, ajeno según esta visión a la política aprobada en la IX Asamblea. Quizá sea caricaturesco el resumen, pero es lo que hay detrás de algunas argumentaciones que buscan ver quién ganó la Asamblea en la política (el resultado de las candidaturas es público y fácilmente interpretable). Es un debate estéril porque no se trata de quién partía de una idea más parecida a lo que se aprobó, sino de quién acata lo que se aprobó. Uno tiende a pensar que todos y todas lo acatamos, salvo por el hecho de que la misma tarde del domingo se vulneró el acuerdo estatutario de que de la reunión del Consejo Político Federal a 90 se eligiera a un coordinador o coordinadora general. Pero en general, los documentos salientes son válidos para cualquiera en IU salvo para quienes defienden la monarquía parlamentaria y/o el capitalismo (que de todo hay en Izquierda Unida). O para quienes ven innecesaria la refundación de Izquierda Unida.

El debate político fue razonablemente apacible. Como se puede ver en el acta de la IX Asamblea en esa parte se llegó a un amplio consenso que hizo que prácticamente sólo hubiera que votar si se adoptaba el documento 2 con las enmiendas aceptadas por los ponentes de tal documento. Era, por tanto, una posición política amplísimamente acordada en las comisiones, aunque llamó la atención la desigual composición de las mismas, que no ha sido utilizada por nadie para deslegitimar su resultado (afortunadamente). Las votaciones sobre el documento político que se produjeron porque había discrepancias fueron sólo dos: ambas sobre el balance de las gestiones anteriores de las direcciones de Izquierda Unida. En el primer caso se votó si se eliminaba el balance de la gestión de los últimos años en Izquierda Unida, tal y como querían los grupos más afines a la dirección saliente: se produjo un empate a 288 votos, por lo que el texto se mantuvo con una fuerte crítica a estos últimos años. En el segundo caso se votó si se ampliaba el balance a un periodo más extenso, enmienda que fue ampliamente rechazada.

Sólo cabe señalar que, efectivamente, algunas personas hubiéramos preferido que no se incorporara la llamada enmienda Baleares, una enmienda de adición que fue apoyada por una importante mayoría de la comisión C. A pesar de que fue evidente que, acaso por azar, la distribución de los delegados en las comisiones C (refundación) y D (estatutos) era notablemente distinta a las que discutían sobre política española e internacional, el ponente acordó con Eberhard Grosske (impulsor de la enmienda) su aceptación y por lo tanto su inclusión tal cual había sido presentada y defendida en el documento de la IX Asamblea sin necesidad de votación. Tal enmienda no contradice el contenido sustancial del documento y tiendo a creer que su inclusión pretendía más una victoria simbólica que política y así lo mostraron la decisión del ponente de asumirla y el enfado de Grosske porque al asumirla no se votaba en el Pleno.

Por ello, tiendo a pensar que en el documento político no hubo vencedores ni vencidos, sino que se llegó a amplios puntos de encuentro imprescindibles y que definen un giro a la izquierda y a un cierto radicalismo democrático: un giro cuya necesidad ya se percibía en los documentos de IU-Abierta y de Otra IU es posible. Sólo quien quiera percibir como victoria o como derrota que el documento 2 fuera la base de la discusión tiene motivos para sentirse como ganador o como perdedor. Como no estamos en un juego de suma cero no creo que sea muy problemático asumir que tan amplio acuerdo es una victoria de Izquierda Unida.

También en lo político se produjo un amplísimo acuerdo en torno a la Declaración de Rivas sobre la actual crisis del capitalismo y sobre una resolución sobre la refundación (ambas con escasas disidencias; en el segundo caso una de ellas fue la mía, que me abstuve).

Caso aparte fue el de los estatutos. Las enmiendas deben ser divididas en dos bloques para entender las votaciones. Dado el sorprendente proceso que nos llevó a la IX Asamblea Federal, había dos estatutos alternativos. Unos habían sido aprobados por la Comisión Unitaria con acuerdo de las tres grandes familias en las que IU llegaba dividida a la Asamblea. Poco después el compañero del País Valenciá Ricardo Sixto redactó unos estatutos alternativos con varias diferencias que, en general, hacían de éstos una apuesta por el radicalismo democrático evidente. Tales estatutos fueron discutidos, corregidos y finalmente adoptados por ‘Otra IU es posible‘ como estatutos alternativos que se presentaron en el Consejo Político Federal de julio que optó porque todo pasara en pie de igualdad. Así, un primer bloque de enmiendas eran aquellos puntos de divergencia entre ambos estatutos. Un segundo bloque era el de enmiendas que habían surgido en distintas asambleas locales. En estos casos es imposible adjudicar las votaciones a derrotas o victorias de tal o cual bloque. Pero a la vista del origen de los votos en ese primer bloque de enmiendas, cabe constatar que muchísima gente de ‘Otra IU es posible‘ prefería las aportaciones de los estatutos acordados en la comisión unitaria. Ya expresé en su día que, en mi opinión, habían sido derrotados en esas votaciones los más radicales (en el sentido más sano de la palabra) frente a los más conservadores. Pero ambos bloques eran relativamente transversales. Una enmienda previa, cuyo origen era la Nacional II salió derrotada: la de que no se discutieran en la Asamblea los estatutos y que fueran enviados a una Conferencia Programática. En este punto una holgada mayoría, seguramente con orígenes en todas las sensibilidades, decidió que la Asamblea era el sitio en el que el soberano se diese sus normas.

Del primer bloque de enmiendas forman parte las relativas a la definición de IU, el encaje de los partidos en la misma, la eliminación de los delegados natos, la periodicidad anual de las reuniones de la Asamblea Federal, la de la composición de las delegaciones en función del principio de ‘un afiliado=un voto’ frente a la ponderación por voto recibido en las elecciones y la de la elección de un coordinador general o de una coordinación colegiada y colectiva. En todos esos puntos había divergencias dentro de ‘Otra IU es posible‘, lo que generó la sana pluralidad de votos (es decir, era difícil percibir brazos de madera). De las contribuciones concretas de asambleas locales y regionales vinieron el resto de enmiendas (que en el acta aparecen con los números 3, 8, 10, 11, 12,  13 y 14). Entre ellas la famosa enmienda sobre si la Internacional debía ser el himno de Izquierda Unida, que fue votada en contra por mucha gente, incluidos militantes del PCE como el propio Cayo Lara: asumía tal himno como algo que no tenía por qué ser el de todos y todas y que por tanto pidió que se le permitiera, a título personal, tocarla en la famosa cajita al final de su emotiva intervención (por cierto, la musiquita sin letra, tal como sonó, es la misma que se toca al final de los congresos del PSOE, por ejemplo).

El resultado de todas esas votaciones es diverso, por lo que parece evidente que no se votó en bloque con brazos de madera, sino que dentro de cada bloque y, muy especialmente el mayoritario, hubo diferentes posiciones sobre cada enmienda. A mí no me costó verme varias veces votando lo contrario que Gloria Marcos (que participaba en la misma propuesta que yo y estaba sentada a mi lado), pues votábamos no como bloque, sino en función de nuestras ideas concretas sobre cada una de las enmiendas sometidas a votación. En mi caso, gané pocas votaciones. Pero asumo el resultado como fruto de un proceso democrático del que formé parte y por tanto los documentos y estatutos son mis documentos y mis estatutos.

Incluso algunas de las medidas derrotadas son aplicables pues eran un límite que, al ser derrotadas, simplemente no son exigibles. Un ejemplo evidente es el del límite salarial para nuestros cargos de 1500 euros que defendió Jordi Escuer. Tal límite no se aprobó, pero Cayo Lara, por ejemplo, ya ha dicho que él no necesita más para vivir y que ese será su sueldo si es elegido coordinador. Aunque siempre hay quien quiere ver provocaciones, ello es perfectamente coherente con lo votado: lo incoherente sería exigir a otros y otras que se apliquen el mismo límite.

Creo que con estas aclaraciones en las que he intentado ser lo más objetivo posible se evitan malos entendidos. En Rivas-Vaciamadrid se aprobaron unas cuantas cosas y se rechazaron algunas otras. Muchas de las que se aprobaron reflejaron el consenso casi unánime en Izquierda Unida. Otras reflejaron mayorías concretas en torno a tal o cual punto que vinculan a todas las personas demócratas independientemente de lo que votáramos o hubiéramos votado. Por tanto es una notable manipulación hacer creer que la Asamblea produjo un espectacular vuelco en el documento 2 que haría el resultado imposible de gestionar por sus promotores, tal y como algunos quieren hacer creer desde trincheras antiquísimas. El resultado es un documento y unos estatutos no sólo asumibles por todos y todas, sino asumidos. Criticables, por supuesto, desde múltiples posiciones, pero vinculantes. Quien no pueda asumirlos no es que no pueda dirigir a Izquierda Unida, es que no debería seguir militando en la misma.