Otro grupo organizó una matanza ayer en Bombay. Se dirigieron contra occidentales, lo cual hace que ya se hable del 26-N*. Se trata de lo de siempre: un grupo local organiza en nombre de Alá una sangría espectacular. Probablemente no tengan grandes conexiones con la franquicia Al Qaeda pero se sienten parte de la misma causa, de un mismo colectivo en una misma guerra. Fanáticos, sí, pero no han llovido del cielo.

En los últimos años se han generado dos grandes identidades en torno al concepto de civilización, inventado por Samuel Huntington, y que define a dos grandes grupos (habla de más grupos pero sólo importan dos) enfrentados entre sí: los occidentales y los musulmanes. Que un profesor de Harvard, miembro de la Trilateral y muy cercano al poder estadounidense publicara este libro tenía una consecuencia inmediata: el mito de las civilizaciones se difundiría en un santiamén y, como una profecía autocumplida, el propio invento generaría un sentimiento de pertenencia a esa identidad colectiva en cuya esencia está el choque. Los sectores más criminales de cada civilización utilizaron el invento para generar en torno a sí una lealtad hacia uno de los nuestros que combate a los de la civilización que nos quiere machacar. Los de las Azores son el faro de nuestra civilización; Bin Laden el de la otra civilización. La idea de que nos dividimos en civilizaciones ha calado tanto que algunos de quienes no (siempre) defienden las matanzas generadas bajo esta excusa no hablan de ausencia de civilizaciones, sino de alianza entre las mismas.

Las ideas tienen consecuencias. Y bajo la defensa de nuestra civilización occidental se ha bombardeado Irak, Afganistán, se humilla al pueblo palestino, se excluye a los turcos de la UE, se masacra a los chechenos… Mientras, con la excusa de la civilización musulmana se colocan bombas en trenes madrileños, metros londinenses, se derriban torres neoyorkinas. Cada crimen en nombre de mi civilización es utilizado por el criminal de enfrente para responder defendiendo a la suya; y esta respuesta legitima un nuevo crimen de la nuestra.

La propia espontaneidad de quienes por todo el mundo se sienten miembros de una civilización y quieren emular a sus héroes criminales es una prueba de hasta qué punto ha calado el mito de la existencia de dos civilizaciones enfrentadas. A ver quién es el primero o la primera que utiliza la matanza de ayer para justificar otra que se haga mañana.

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*En unos trenes de Bombay hubo en 2006 un atentado muy similar al 11-M: parecido hasta en número de muertos. Además se produjo en día 11: el 11 de julio. Ayer y hoy varios periodistas ocurrentes hablaron de que ‘al 11-S, 11-M, 7-J… hay que añadir el 26-N‘. ¿Se olvidan de aquel 11-J? En realidad aquella fue otra historia: idéntica a las demás salvo en lo fundamental: murieron indios, no occidentales.