Sin ánimo de ofender y como crítica constructiva: hay a quien se les va la fuerza por la boca. Que sí, que dan mucha clase de ruso, y reconocen que su rencor antiespañol lo genera el oro moscovita, sí. Pero a la hora de la verdad, cuando Moscú se juega los cuartos, escriben una mísera entrada defendiendo que los rusos son humanos, como las negras, los alemanes, los rojos y los homosexuales de ambos géneros y que no hay que asustarse: y encima lo hacen cuando era Gasprom la presunta compradora y no ahora, que sabemos que es Lukoil. ¡Si eso es defender a la madre Rusia, que venga Igor Akinfeev y lo vea!

No, amigos, nuestro Jefe de Estado sí que sabe lo que es defender a Rusia. Seis veces, seis, llamó Juan Carlos de Borbón a José Luis Rodrígez Zapatero el pasado jueves para que no hiciera caso a Miguel Sebastián y facilitara la compra de la españolísima Repsol por parte de la bárbara Lukoil. Seis llamadas, seis, hizo Juan Carlos a José Luis en una fecha tan emotiva para él como es el 20 de Noviembre, lo que generó la conmoción de nuestro presidente, tan sensible, que ha salido insistentemente a decir que él nunca se pronuncia sobre la compra de una empresa española por extranjero que sea el comprador.

Se equivoca quien piense que estas llamadas reflejan otra corruptela más de nuestro monarca. La Casa Real confirma esas llamadas, sí, pero quiere dejar claro que no lo hace con animus forrandi, sino por el bien de España (que son sus empresas):

Se trata de aprovechar la aportación diplomática de Su Majestad en la preparación de un clima propicio para la expansión de nuestras empresas. Todos los Gobiernos lo han utilizado en este sentido. El Rey abre relaciones como especialísimo embajador de España que es, y luego son las empresas las que hacen su trabajo.

Eso dijeron a El Confidencial desde la Zarzuela cuando este medio publicó que el inquilino de tal palacio había fomentado la operación. A vosotros y vosotras, como a mí, os llamará la atención que se diga que la intervención de Juan Carlos genera ‘un clima propicio para la expansión de nuestras empresas‘: porque aquí parece que la única empresa que se expande es Lukoil. ¿Quién es esa primera persona del plural que hay tras ese ‘nuestras‘? ¿Se refieren a las empresas españolas o a las de la real casa? El resto del párrafo tampoco tiene desperdicio, frase a frase.

Con todo, lo más hilarante no es que el Jefe del Estado defienda sorprendentes intereses empresariales, sino que crea (o sepa) que sus llamadas puedan generar un cambio de posición en el Gobierno. Si él tuviera intereses privados, políticos o cinegéticos en la operación, ¿qué le llevaría a pensar que su posición podría y debería influir en el presidente del gobierno?

La monarquía parlamentaria española tiene razones que la razón no entiende. Pero que va intuyendo.