Una de las frases más repetidas en Izquierda Unida es que ésta es un movimiento político y social ‘unido por su programa‘. Algo parecido supongo que han sido las plataformas IU Abierta, Otra IU es posible e IU tiene futuro que deberían ser grupos que se han organizado en torno a documentos políticos que querían que fueran el programa de Izquierda Unida (su política hacia fuera y hacia dentro) y que como colofón presentaban listas.

En la Asamblea Federal se tomó como marco el documento de los cien, el que yo he defendido, por un acuerdo tomado por los tres grupos más grandes y votado por el pleno de la Asamblea. Tal documento fue enmendado en las comisiones y luego en el pleno, dejando lo que es el documento de la IX Asamblea Federal de Izquierda Unida. Muchas de las enmiendas no las comparto, pero evidentemente las asumo y hay que exigir a la nueva dirección que en ningún caso contradiga el documento aprobado por la asamblea (aunque comenzaron haciéndolo al no elegir coordinador).

Ya no existen, pues, los documentos 1, 2 y 3. Ahora sólo existe el documento de Izquierda Unida. Tampoco existen ya las cinco listas: hay un Consejo Político Federal de Izquierda Unida electo que deberá complementarse por las federaciones.

Aquello que se supone que diferenciaba a los grupos que llegamos a la Asamblea Federal ya no existe. Y por tanto, en tanto que grupos organizados ya no tiene sentido. No creo que haya nadie de quienes subieron a presentar candidaturas que no dijera que la nueva Izquierda Unida no puede vivir en su seno la dinámica gobierno-oposición. Añado que no podemos reproducir la dinámica parlamentaria, con sus grupos parlamentarios y sus disciplinas de voto: ¿nos creemos nuestra crítica a la democracia formal? Como bien señalaba Pascual Serrano ayer (en un magnífico artículo al que sólo se puede objetar que califique de anécdota algo que no es tal) la IX Asamblea no ha aprobado modificaciones sustantivas de radicalización democrática. Tampoco ha negado la puesta en práctica de algunas de ellas: desgraciadamente eso es algo que queda en mano de los órganos de dirección, que pueden convocar consultas a la militancia, realizar un proceso de reafiliación, retransmitir con cámaras web en directo todas las reuniones de los órganos… si quieren, porque el único límite es su voluntad.

La situación de bloqueo sólo se puede romper si asumimos que nuestra lealtad es con el conjunto de Izquierda Unida y no con tal o cual lista y ello atañe especialmente a los consejeros electos. Quiero pensar que en el próximo Consejo Político Federal, el que tiene que elegir coordinador y una comisión que pilote el proceso de refundación, habrá algunas personas que discrepen abiertamente entre sí a pesar de haber sido elegidos en la misma lista, que no utilizarán los bloques como instrumento de presión y que no asumirán más mandato que el popular: el expresado en la IX Asamblea con la aprobación y enmienda de un amplio documento (y dos resoluciones pactadas de antemano: la declaración de Rivas y una supuestamente sobre el proceso de refundación).

Por mi parte rompo filas. A mi bola, oiga, que ya está bien. Eso no supone, ni mucho menos, la renuncia a fomentar y participar en infinidad de espacios para la elaboración colectiva, la democratización de Izquierda Unida y el encuentro entre afiliados que tienen mucha rebeldía que enseñarme. Tampoco supone que me desdiga de nada de lo que he escrito en estos meses ni que renuncie a impulsar en Madrid el cambio que intenté impulsé a nivel federal. Sigo pensando que Cayo Lara debe ser elegido coordinador general en el próximo Consejo Político Federal. Es algo de lo que estoy mucho más convencido hoy que el sábado cuando empezó la Asamblea. Sigo pensando que Izquierda Unida debe refundarse, debe hacer una transformación democrática interna para que sea creíble la que propone a la sociedad. Y debe ser republicana: también dentro. Sólo que ya no se puede defender como bloques estancos. Y sigo pensando que hay compañeros y compañeras que deben dar pasos atrás y que o no dan ningún paso o lo dan hacia adelante.

Quiero pensar que en buena lógica esa ruptura de filas se producirá en toda Izquierda Unida: probablemente muchos de quienes estuvimos de acuerdo en muchas cosas hasta ahora lo sigamos estando ahora en otras, lo que podrá generar trabajo en común. Pero lo que toca no es artícular bloques electorales, sino espacios de encuentro que busquen  una Izquierda Unida mejor, más rebelde, más osada y menos anquilosada en los que entre y salga quien quiera en los momentos que quiera. A ello, con ilusión. O el invento se nos desmonta.