Se suele criticar bastante a quienes somos aficionados a algún deporte por estar enganchados a un nuevo ‘opio del pueblo‘. Puede que en muchísimos casos se critique con razón a quien vuelque sus frustraciones contra un árbitro, un jugador rival o un entrenador, con lo que al terminar el partido ya está bastante satisfecho (o satisfecha, que de todo hay) por los gritos emitidos y digiere con plena facilidad un bombardeo en tal país, el cierre de una empresa local o la subida del precio de los alimentos. El opio fue desacreditado cruelmente por Marx y desde entonces no sabemos verle el lado bueno. Porque en un partido deportivo no sólo pega uno gritos de frustración: también se emociona y se felicita ante algo tan tonto como una victoria de su equipo o una buena jugada. Y, si los malos resultados permiten volcar frustraciones que corresponden a la vida real, ¿por qué no podría un entusiasmo irracional ayudarnos a no quedar cegados por lo que fascina a quienes no tienen un gol con el que estar contentos?
Parece lógico que de vez en cuando queramos tener una alegría; ejercer todo el día de gruñón no puede ser muy bueno para la salud. Cuando aparecen fenómenos de euforia colectiva, quien destaque lo irracional de la situación sólo conseguirá ser calificado de aguafiestas. Es lo que está sucediendo con la elección de Obama: desde Esperanza Aguirre a los Castro bros., no hay quien desentone en el coro festivo. ¡Cualquiera se atreve! No es que sea malo estar contento, pero es mucho menos peligroso alegrarse por un gol del delantero finés que ha fichado el equipo de uno que por la súbita aparición de un líder político.
No considero a Obama de los míos: puede que sea lo mejor que hay entre los malos, no lo sé (a Clinton también le adjudicaron ese papel incluso después de bombardear Yugoslavia de la mano de Solana, otro bueno). Sin embargo, hay mucha gente que parece entregada al nuevo mesías mundial hasta el punto de encontrar desleal cualquier crítica a Obama por justificada que esté.
No es un problema del que estamos a salvo quienes nos decimos ubicados en posturas de izquierda crítica: durante bastante tiempo ha habido en nuestro espacio una ceguera aduladora hacia Castro en su momento y hacia Chávez después que ha impedido ver los fallos (a veces muy graves) que hayan resultado dañinos para sus propias causas. Así, con la comprensible voluntad de identificarnos con alguien a quien aplaudir, nos hemos parado antes a ver cómo refutar tal o cual crítica a nuestros mesías concretos que a ver si tales críticas tenían o no un contenido razonable. Y con ello, lejos de ayudar a los nuestros les hemos dejado cometer errores y desviaciones de mayor o menor calado: lejos de ser una muestra de lealtad, la admiración acrítica es el principio de la corrupción de un proyecto político.
Quienes más esperanzas tienen en que Obama suponga realmente un cambio para el mundo, harán muy bien en exigirlo desde el primer momento: que exijan el fin de la pena de muerte, la retirada rápida de tropas de Irak, Afganistán y donde quiera que haya tropas estadounidenses invadiendo, bombardeando y tutelando a otras sociedades; que exijan un compromiso con una paz justa en Palestina, que exijan que el bienestar de los estadounidenses no pase por un control imperial del resto del mundo.
Esas exigencias serían la mejor contribución a un cambio no radical, pero sí real. Es frustrante, claro, no poder simplemente romper a aplaudir, renunciar a identificarse con una esperanza, a sentirse, por una vez, entusiastas con un proyecto colectivo. Reconoceréis que es menos dañino si esos aplausos y entusiasmos van dirigidos a algo tan inocuo como una buena jugada de fútbol que a quien debería poner freno a un genocidio militar y económico de escala planetaria.
«…donde quiera que haya tropas estadounidenses invadiendo, bombardeando y tutelando a otras sociedades…»
¿Pediste lo mismo para las tropa rusas en Armenia? ¿O para las amenazas de Hugo Chávez sobre Bolivia? ¿O para las de Siria e Irán sobre el Libano?
…después de bombardear Yugoslavia de la mano de Solana..
A ver si te callas. No es sabio hablar de las cosas que desconoces. Bombardearon Serbia (mantuvieron el nombre YU de un pais bueno para enganar los ignorantes como tu), te suena? Aquellos que destruyeron tantas vidas, con un plan de genocidio bien ideado y llevado al cabo (te acuerdas de Srebrenica?) Y los bombardearon porque no les quedo otra. A ver si te informas de una punetera vez.
Saddam Hussein también era un genocida, lo cual tampoco justificó un bombardeo ilegal. Pero el que está justificando unas bombas que causaron miles de muertes eres tú: que no avale el bombardeo no me pone al lado de ningún asesino, más bien al contrario.
La característica común de los cretinos es que en vez de refutar llaman ignorante al que expone una opinión con la que discrepan.
El ‘a ver si te callas’ en este blog no se estila: no somos tan dictadorzuelos.
Lo que está en cuestión , creo yo, no es si Serbia cometió genocidios o no. Eso a dia de hoy es evidente. La cuestión es resaltar que no hay diferencias entre Republicanos y Demócratas a la hora de solucionar las cosas con el !Bombas fuera! Desde luego hay que frenar a los dirigentes y estados asesinos, pero Irak y Afganistan hay demostrado que arrasando a discreción no es como se hace.
Yo también me siento como una vieja renegona, pero creo que todos los discipulos del mesias Obama en EEUU y Europa se van a sentir decepcionados. A la hora de la verdad serán los mismos perros con distintos collares. Eso si, con una bonita sonrisa y un lema pegadizo.
Si Obama se convierte en un nuevo FD Roosevelt ya podemos darnos con un canto en los dientes
«Milosevic no es un dictador, porque fue elegido por la gente, sino un presunto delincuente internacional, lo mismo que Bill Clinton o Javier Solana»
Julio Anguita
La verdad es que lo que hicieron a Serbia es simple y llanamente un genocidio. Si huiera justicia, Solana debería responder ante ella. En cuanto Obama: el lavado de cara que el imperio necesitaba.