Se ha celebrado este fin de semana la fase madrileña de la IX Asamblea Federal de IU. Es una de las federaciones controladas por la llamada Nacional-II. Un control menor del que todos y todas esperábamos. Más allá del resultado de la elección de listas, parece que ésta era el único interés del debate asambleario: nos hemos pasado una tarde y una mañana debatiendo sobre si había que debatir.

De cara a la Asamblea Federal hay dos documentos políticos y medio: el de Otra IU es posible, el de IU Abierta y el de IU tiene futuro. Hace varios días supimos que se había presentado una resolución blanca, con un contenido asumible por todos y todas dada su escasez. Se presentaba como ‘resolución unitaria‘ avalada por IU abierta y la Nacional II: todo el que no estuviera dispuesto a votarla renunciando a los documentos que sí hacen un análisis político y una propuesta concreta para IU y para la sociedad está crispando, está contra la unidad. La unidad. Esa fue la palabra de la Asamblea. Para salvaguardar la unidad renunciamos a debatir los documentos políticos y las enmiendas planteadas por las asambleas de base. Para salvaguardar la unidad se decidió no discutir los estatutos, ni las enmiendas a los mismos y se aprobó que todo estaba bien y que todo iba a la Asamblea Federal. Y para salvaguardar la unidad se nos echaron varias broncas a quienes estábamos por debatir.

En Izquierda Unida hay multitud de vicios adquiridos. Uno de ellos es que hace tiempo que muchos compañeros se olvidaron de la posibilidad de debatir sobre asuntos políticos y sobre asuntos organizativos sin acabar insultándose, sin acabar incluso pegándose. Quienes proponemos una  renovación profunda lo hacemos entre otras cosas porque pensamos que se puede mantener una organización plural si quienes no saben deliberar sin sacudirse dejan paso a gentes que no antepongan sus recelos personales a tomar una parte del otro, a través del debate, de la confrontación leal de ideas o de la votación democrática llegado el caso. Lo que se ha impuesto por una sorprendente mayoría conjunta madrileña de casi dos tercios es que la mejor manera de que no nos peguemos es que no discutamos: la pluralidad sólo es sostenible si la escondemos bajo la alfombra.

De tanto escuchar que Otra IU es posible es el PCE, o gente controlada por el PCE, mucha gente se lo ha creído. En algunos casos se hace esa identificación por pereza intelectual. En muchos por una extraña mala fe. Sólo desde la mala fe se pueden manejar las siglas del PCE como estigma entre las gentes de izquierdas: yo no milito en el PCE, pero desde luego no es una organización, una historia y una militancia que me plantee rechazo. Por eso no he rechazado que el coordinador Gaspar Llamazares fuera militante del PCE, o que quien controla la federación en la que milito sea militante del PCE. ¿Se puede ser alérgico al PCE en Izquierda Unida? Yo no podría.

Es normal que mucha gente no sepa cómo se ha fraguado el documento de Otra IU es posible. Los dirigentes de las distintas corrientes sí lo saben, en cambio. Detrás del documento hay un amplísimo proceso de debate y aportaciones entre gente muy diversa: peceros de distintos grupos (o de ninguno), trotskistas,… e incluso gente rara como yo mismo. Si mi experiencia vale de algo, en la elaboración del documento se me ha escuchado mucho más de lo esperable y la percepción que tengo es que tal escucha se debe precisamente a la diversidad que se ha querido primar. He presenciado duros debates políticos de calado ideológico resueltos finalmente sin que nadie imponga del todo lo que piensa. Es la forma en la que se fragua la unidad desde la pluralidad: con el debate, la transacción, la cesión… obteniendo un documento con un contenido sólido y concreto, no anulando el debate para no discutir.

Es necesaria la unidad, pero no la unidad blanca e impoluta, sino la unidad fraguada en el debate, en que todos nos dejemos un poquito de lo que pensamos para aceptar bastante de lo que piensan otros, e incluso en la aceptación de que una discrepancia se tenga que resolver votando. El problema está en quienes no sepan debatir entre compañeros sin tirarnos piedras a la cabeza: es lo que uno debe de pensar si plantea que la unidad está en no debatir, en no confrontar. El problema está en quienes dan por hecho que es inevitable que toda diferencia sea insalvable y aboque a la ruptura.

Seguro que en el documento de Otra IU es posible hay muchas cosas discutibles. En cambio, una de las críticas que se le hace, la de ser el documento de un grupo férreo y unos cuantos brazos de madera es FALSA. Se ha hecho un documento con participación amplia y llamando a esa participación a quienes éramos mindundis desconocidos que no arrastrábamos con nosotros a ninguna familia con sus delegados. No es una suma de números, sino de ideas. De ideas discutibles, pero de ideas: así se mantiene la pluralidad, así se fragua la unidad.

La pluralidad de Izquierda Unida y, sobre todo, la pluralidad de la izquierda alternativa es mucho más amplia que la que ha sido recogida en el documento. Consigamos la unidad: expongamos las diferencias, debatamos, pasemos las horas que haga falta en las asambleas regionales, en la federal, en el proceso de refundación que se abra… hasta que, respetándonos los unos a los otros, lleguemos a puntos de acuerdo o de desacuerdo y resolvamos éstos democráticamente. Para eso defendemos algunos que el primer paso para la unidad es darnos un cauce democrático en el que resolver pacíficamente las diferencias. Si IU es plural es porque hay, afortunadamente, diferencias.

Para una Izquierda Unida apolítica, conmigo que no cuente nadie.