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Imaginen un clan de traficantes de cocaína que consigue producir en la selva de Uribe un kilo de coca por 10$, y venderlo en EEUU por 100$. Traslademos esa cifra a toneladas y multipliquémosla por diez años de ejercicio empresarial. Así de una inversión inicial en el año 2000 de un millón de $ habrán obtenido al día de hoy, un quintal de millones. Todo eso lo hacen sabiendo que arriesgan la vida y lo acumulado.
Y les cazan, es ley de vida, son apresados.
Y les condenan a: 1.- conservar lo que tienen, 2.- no pisar la cárcel y 3.- comprometerse a ser unos tíos majetes a partir de ahora. Para ello y para lograr su reinserción, los que les condenan le ponen un negocio a cada miembro del clan. Cafeterías, lavanderías, burdeles… siempre que ellos se comprometan a ser gente decente. No les obligan a firmar ni un papel, sólo al salir del juzgado tienen que jurar con la mano en el pecho “seré bueno a partir de ahora, lo juro por Snoopy”. Suena ridículo así contado. Y es fácil sospechar que reincidan.
Una numerosa pandilla de desalmados del sistema (cártel) financiero internacional ha estado embolsándose un porcentaje de ganancias más abultado, abusivo y sin control. El caos que han provocado es tal que han puesto en una incómoda situación, difícil de narices en algunos casos, a gobiernos y sistemas sociales que se creían y se tenían por sólidos, solventes, civilizados y sobre todo, difíciles de engañar. Y que han demostrado una ingenuidad demasiado sospechosa al creer que el capitalismo tenía unas reglas del juego que todos respetaban.
1.- No han sido castigados. Lo más parecido a una censura es el radical, izquierdista y temerario discurso de uno de ellos, Marcelino Botín. Quién, situándose muy a la izquierda de los líderes, pensadores y teóricos de la izquierda española, les ha censurado. Lo hace pensando en que si se salvan sus competidores él no podrá apropiarse de los cadáveres a precio de saldo. Puro altruismo.
Es de sospechar que fuera de España la situación sea parecida o peor. Por ahí fuera a Botín no le escuchan y en vez de a Zapatero tienen a Sarko, a Berlu, a Merky y a otros clones suyos.
2.- El sistema que han estado a punto de derrumbar, y todavía no se conocen todas las consecuencias de sus actos, no prevé ninguna censura a su conducta. Ni siquiera que les quiten el carnet de conducir, o que les llamen “cabrones y malos”. No hay sanción prevista en el ordenamiento, básicamente porque no hay ordenamiento.
En otras palabras, ellos tienen la conciencia, (la suya, porque tienen conciencia), tranquila. Era un juego y salió mal.
3.- Siguiendo los dictados de la conciencia común a esa casta, la de los financieros, sus cómplices en el embarullado sistema por ellos creado, (un sistema sin competencia ni disidentes), se han apresurado a pedir para ellos, porque lo manejarán ellos, dinero en cantidades tan desmesuradas que la gente normal no sabía que existían.
Si a un ciudadano le dicen en septiembre 08 que de todo el dinero que tiene y gasta el estado todavía hay pasta para darle a la banca 150.000 millones y que la patria va a seguir funcionando con relativa normalidad, otra patraña grande y gorda, no se lo cree. ¿Tanto teníamos? Eso si que es hucha y no mi gorrinito.
Así que se les dará el dinero, se les rogará, sin levantar mucho la voz, que por favor no sean muy codiciosos, y que si pueden, paguen impuestos, como hacen los horteras.
Y ellos jurarán por San Pancracio, el santo que está al lado de la caja en los bares de cañas, que se van a portar bien y que nunca más, nunca más, nunca más van a especular, que han aprendido la lección y serán buenos. Que no habrá reincidencia.
Entonces, la alternativa es el intervencionismo salvador. Sin duda el modelo cubano, que ha generado una riqueza sin precedentes, convirtiendo a la isla en un paraiso de riqueza… social por su puesto.