Los últimos dos o tres años de la política institucional navarra están reflejando todos los aspectos nauseabundos del politiqueo cutre que hace que tanta gente afirme con rotundidad que la política da asco.

Durante el final de la legisltura foral anterior el gobierno navarro, como una piña con el PP, organizó akelarres ultranacionalistas bajo el lema ‘Navarra no se vende‘. A estas alturas y dados los giros estéticos de Sanz y Rajoy (ahora son moderaditos y colaboradores, cada uno en su estilo), es evidente que ellos no se creían que el gobierno estuviera conchabado con la ETA para regalarle Navarra y acabar con la libertad. Si se lo creyeron, la actual colaboración de ambos con el gobierno sólo puede responder a que se han dado cuenta de que se equivocaron (en tal caso deberían dimitir ambos por haber enfrascado a la sociedad navarra en tal grado de crispación sólo por un error de percepción), o que no creen que se equivocaron (y entonces están ahora colaborando ambos con un gobierno proetarra y liberticida, lo que debería llevar a sus bases a la rebelión).

En realidad es evidente que ambos participaron de todo aquel tinglado por cuestiones meramente electorales: Sanz necesitaba crispar Navarra para cohesionar al nacionalismo español tras su papeleta electoral y tener alguna posibilidad de ganar las elecciones navarras con mayoría absoluta. Rajoy necesitaba poner todos los obstáculos posibles a la tregua de ETA pues, si se conseguía la paz bajo un gobierno de Zapatero, las elecciones estaban perdidas para el PP.

PP y UPN fueron una piña en esta estrategia.

Mientras, un diputado por UPN (el primer dirigente confirmado del nuevo Partido Popular de Navarra), Jaime Ignacio del Burgo,  se forraba con libros, artículos y piruetas mentirosas sobre el 11-M. En cualquier organización política con una mínima decencia, un tipo que manipulara un atentado de este tenor en provecho propio (político y económico), que mintiera continuamente intentando hacer inviable el juicio a los asesinos de 192 personas suscitaría toda la repugnancia posible. Lo normal es que ambos partidos hubieran competido por ser el primero en expulsar a del Burgo de UPN y del Grupo Parlamentario Popular.

Ahora que del Burgo se cambia de acera polítca UPN explica, según me cuentan, que le incomodaba lo de la teoría de la conspiración. Cuando era uno de los nuestros no les incomodó lo suficiente como para tratar de pararle los pies. PP y UPN también fueron una piña en esta estrategia.

¿Y enfrente? Las elecciones de 2007 en Navarra dieron la posibilidad de una salida de izquierdas y netamente democrática a Navarra que devolviera la decencia a su gobierno e impulsara políticas sociales y libertades frenadas por UPN. Podría haberse configurado un gobierno de PSN, Nafarroa Bai e Izquierda Unida, con cierta facilidad para el acuerdo programático, dado que Nafarroa Bai explicitó su voluntad de apartar su perfil nacionalista en pro de un programa que primase la política de izquierdas. Pero el PSN hizo su cálculo electoral: un año más tarde había elecciones generales, Navarra sólo le daría uno o dos escaños y posiblemente permitiera al PP hinchar su campaña de mentiras y odio. En vez de hacer el esfuerzo por explicar que no pasa nada por gobernar con una pluralidad progresista optó por permitir que UPN siguiera gobernando a los navarros y muy especialmente a las navarras por mero tacticismo. Si en ese tacticismo entraba el cálculo de la ruptura de UPN con el PP, no varía el severo juicio que mereció el navarrazo.

Ahora el PSN se frota las manos (¿porque se va a hacer una política en Navarra más acorde con su programa? No: porque han debilitado organizativamente al PP) y en UPN y el PP se hacen mutuos reproches (¿por todas las felonías co,partidas? No: porque no han conseguido mantener el tinglado). Darían ganas de no meterse en política, pero parece claro que lo que hay que hacer es meterse a hacer política de otra forma.