Del mismo modo que en el verano pasado el principal asunto periodístico fue si Cristiano Ronaldo ficharía o no por el Madrid, nos hemos concentrado ahora con el crucial asunto de si Zapatero se hará la foto en una ‘cumbre‘  o no. Sarkozy y Gordon Brown, que son amiguitos de Zapatero, hacen declaraciones para que pueda ir; pero Bush pone la casa y el anfitrión invita sólo a sus colegas. Zapatero no es colega de Bush, porque cuando ganó dejó Irak sin nuestras armas, pero posiblemente para cuando se celebre el guateque sepamos que el futuro anfitrión de estos saraos (Obama, que ahora es amiguito de Colin Powell) sí se ajunte con Zapatero, porque su rival electoral confundió su nombre con ‘zapatista‘. Alta política, vaya.

¿Qué van a decidir en la tal cumbre? Nada. Si se gesta alguna decisión importante, serán los asesores de dos o tres gobiernos (probablemente el chino y el estadounidense) quienes partan el bacalao. ¿O es que Sarkozy y Bush se van a poner a elaborar modelos macroeconómicos a partir de sus portentosos conocimientos y sus legendarias dotes reflexivas? ¿Estarán ahora Putin (o Medvedev, que es Putin pero con la camisa puesta) y Berlusconi en una biblioteca consultando manuales de economía y con la calculadora en la mano estudiando qué propuesta hacer en la cumbre?

Hasta cuando se reúnen Zapatero y Rajoy la cosa está más que cocinada: la última vez que se fotografiaron en la escalerilla de la Moncloa tuvieron que esperar a que Montoro y Solbes hubieran atado hasta el último cabo suelto. Al menos ese encuentro no salió muy caro. Desde que comenzó la presente crisis del capitalismo, la mejor forma de afrontarla han sido múltiples cumbres, minicumbres, o colinillas. Hubo una semana en la que Zapatero tenía cada día una cumbre: con banqueros, con sindicatos y patronal, con Rajoy, con los líderes europeos. Era una forma de mostrar que Zapatero se toma las cosas en serio: uno se reúne con todo dios, se hace fotos con un gesto de seriedad muy importante y se negocia para poder hacerse la gran foto mundial. Pero decisiones concretas (buenas, malas, qué más da) no se conocen más allá de regalar dinero a los bancos (eso ya lo hacíamos los demás sin necesidad de cumbres) y si se conocieran no habrían sido tomadas en esas reuniones. Pues si se tomaran en ellas sería una irresponsabilidad impresionante: ¿no hay nadie en el equipo de gobierno que conozca con más profundidad que Zapatero el tinglado económico?

Por muchas declaraciones que hagan, los fotografiados del mundo no parecen darse cuenta del calado de la crisis. Es una crisis de modelo. De modelo económico y por tanto de modelo político, pues se está evidenciando el fracaso de un modelo de democracia que ha dejado en manos de los gobiernos decisiones marginales otorgando a poderes incontrolados el núcleo más importante de poder. Dada la precariedad del poder democrático se ha generado una democracia de mando a distancia (de audiencias, dice alguno) en la que no importa el coste que tenga un acto: si sirve para la propaganda se dará por bienvenido. Podemos decidir poco, pero lo vamos a hacer con todo el boato que podamos.

Incluso en el dudoso caso de que  en el último acto de la cumbre (el de los jefecillos) se tomara alguna decisión, no hay ninguna razón para pensar que éstas no podrían celebrarse por mail, videoconferencia,… o cualquier otra forma de reunión gratuita. Quienes trabajamos en la calle y en los bares por cambiar el mundo y sí tenemos tiempo y dinero limitados estamos más que acostumbrados a cerrar acuerdos por correo electrónico. Alguien deberá empezar a plantearse que las fotografías y los coñazos pueden  tener gracia, pero a lo mejor no es lo idóneo si de lo que se trata es de que falta pasta.

Sólo hay una posibilidad de que se den cuenta del disparate de las cumbres: que les agüemos la fiesta, que aprovechemos las cumbres para resucitar las contracumbres. ¿Ha habido un momento más propicio para que el neoliberalismo tenga una respuesta en la calle masiva?