Hay enormes similitudes entre Obama y Gallardón. No parece nada descabellado decir que Obama es a la clase política estadounidense lo que Gallardón al PP. Ambos han entusiasmado a los menos escépticos de quienes sentimos especial inquina hacia su grupo. Ambos han generado ese entusiasmo gracias a discursos que no concretan nada: Gallardón sería campeón del mundo en ‘Lanzamiento de discurso sin contenido’, pues su capacidad para largarse un notable conjunto de frases gramaticalmente correctas sin decir absolutamente nada es asombrosa. Obama no le anda a la zaga. Sus formas son correctas (lo cual es todo un avance, como en el caso de Gallardón) pero las pocas cosas concretas que ha ido explicando no le diferencian en nada de su entorno: mantenimiento de la invasión de Afganistán, responsabilización a Rusia por la invasión de Osetia del Sur por parte de Georgia, liberalismo económico…
Cuando en alguna ocasión ha parecido que los supuestos moderados del PP podían tomar las riendas del partido, quienes deseamos lo peor para ese partido no sentíamos ningún entusiasmo. Sabemos que, hoy por hoy, las posibilidades de que el PP de Rajoy, Aznar y Pujalte ganen unas elecciones son ínfimas, mientras que algunos medios de izquierdas tienen tanto amor por Gallardón que una candidatura suya sería un caballo ganador. En general la gente no reconocía la perversión más que en los bares, pero era habitual escuchar a gente de izquierdas desear que el PP se mantuviera en la caverna (horrorosa, pero inofensiva) y que no se pusiera encima ninguna piel de cordero.
Hace pocos años dos predicciones a corto plazo sobre EE.UU. hubieran resultado una locura: ‘El gobierno estadounidense nacionalizará bancos‘ y ‘Estados Unidos perderá su hegemonía global‘. La primera, con todos los matices que se quiera, se ha cumplido. Y nunca como ahora la hegemonía imperial de Estados Unidos ha sido cuestionada: por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial (¿o tal vez desde la Primera?) parece factible el final del liderazgo de Estados Unidos sobre una parte o el conjunto del mundo. Ello ha sido, en parte, gracias al empeño de los tipos que han dirigido su gobierno tras la marioneta Bush.
Quienes deseamos el fin de la hegemonia estadounidense (no para que se alce la hegemonía europea, rusa, china ni acaso latinoamericana, sino para vivir en un mundo sin polos de dominación, sin potencias hegemónicas) podemos darnos por satisfechos de ese resultado de la política de Bush, si no fuera por los millones de personas muertas que ha causado. Ahí es donde asalta mi duda.
Al revés que Pepe Blanco, yo sí quiero que este blog influya en los asuntos internos de Estados Unidos, dado que éstos influirán en los míos y en los del resto del mundo. Ocurre que cada vez tengo menos claro en qué sentido querría influir. Evidentemente las vísceras de todo ser humano provocan algo parecido a la náusea ante el Partido Republicano. Por encima de las vísceras, la razón nos dice que probablemente los EE.UU. bajo un gobierno de McCain emprenderían nuevas aventuritas genocidas en Irán o Pakistán (posiblemente amparados por informes del CNI español), que costarían miles de muertos. Obama parece empeñado en concentrar la masacre exterior en Afganistán. Las dudas no vienen tanto por ese lado como la perspectiva a largo plazo. Dado el deseo de que Estados Unidos pierda su hegemonía internacional (no por antiamericanismo en concreto, sino por antihegemonismo en general), ¿no sería interesante que McCain continuase la vasta y basta obra emprendida por Bush? ¿No es mejor soportar a Acebes que a Gallardón a cambio de que pierda el PP?
Si en noviembre pierde McCain, yo también respiraré aliviado. Pero si en 2015 o 2025 Estados Unidos no tiene capacidad para decidir qué países son invadidos con apoyo sumiso del resto del mundo el alivio no será meramente cosmético y durará más de una semana. Quizás sea mejor mantener un perfil bajo, tomar ejemplo de Pepe Blanco, y evitar influir hasta aclararme las dudas.
Es algo así como lo que siento cada vez que veo que, pese a las medidasde apoyo a los empresarios con nuestro dinero, la situación no mejora. Siento miedo ante lo que pueda pasar, pero a la vez deseo que pase, siento curiosidad por lo que podría ser si dejase de ser lo que es.
Recuerdo cuando la presidencia demócrata de Carter permitió que cayera Somoza. Mejor con Obama, compañero.