Hoy hace un año salió a la calle el diario Público (y su página Público.es). En muchas zonas supuso el fin del monopolio de los diarios impresos para lectores de izquierdas.  Esto ya hubiera sido un avance monumental, pues hasta ahora no había réplica posible a los puntos de vista sinceros o de alquiler y cada vez más conservadores de El País. Así, para algunos la expectativa fue enorme, aunque otros nos conformábamos con el paso del monopolio al duopolio que permitiera que se colaran algunas rarezas.

En este año algunas firmas que sólo aparecían en medios alternativos (fundamentalmente medios digitales y Diagonal) han tenido un espacio desde el que alcanzar mayor difusión. ¿Alguien espera leer en El País artículos de Fernández Buey, Amador Fernández Savater, Rafael Reig, Javier Ortiz,…? Incluso parece que El País ha tenido que reaccionar incorporando la columna de Almudena Grandes y la de Enric González: desde que murieron Haro Tecglen y Vázquez Montalbán encontrar puntos de vista diferentes en El País sólo sucedía cuando Vargas Llosa se ponía reaccionario. Bienvenida sea la novedad.

Se ha incorporado la frescura de algunos periodistas que alguno conocía sólo (o principalmente) por sus blogs como los propios Nacho Escolar, Manuel Rico y  Javier Ortiz; y hemos descubierto a Wyoming como columnista, del que esperaba mucho menos.

Público no es un diario de la izquierda alternativa. Ni mucho menos de Izquierda Unida. Público es un diario que podríamos situar en el lado izquierdo del PSOE. Ocurre que los lectores que antes sólo frecuentábamos El País veíamos en él un monolitismo ideológico entre cuyos márgenes apenas cabía nada que se alejase de las doctrinas de Javier Pradera. Público no es un diario de la izquierda alternativa, pero en él tiene cabida la izquierda alternativa: a través de los autores que he citado pero también del enfoque dado a algunos temas como la cultura libre, por ejemplo. Y por primera vez en los últimos años un diario con sede en Madrid cuenta lo que sucede en América Latina sin defender como neutrales puntos de vista de extrema derecha.

Mucho menos es un diario afín a Izquierda Unida. No tendría por qué serlo. Sin embargo sí se entrega con un exceso sorprendente al bipartidismo. No recuerdo la última noticia que han dado sobre Izquierda Unida. Y mucho menos la última que no sea sobre la situación interna de IU. ¿Es que no tiene interés, por ejemplo, la posición ante la crisis económica de la única fuerza política que denunció que el modelo de crecimiento de estos años era insostenible? En cambio sí es de reconocer que sólo en Público ha tenido ocasión de manifestarse una pluralidad de dirigentes de IU que han podido difundir en sus páginas algunos artículos y, mientras El País echaba mierda sobre algún compañero, Público dio cabida a un punto de vista que simplemente no hubiera existido hace un año y un día.

Las portadas de Público han mejorado mucho. Desde aquellas que hacían pensar en un diario meramente amarillo hemos pasado a unas que siguen siendo vistosas pero que sí anuncian contenidos informativos. Se hecha de menos más contenido: sus secciones de Mundo y de Política a menudo se quedan cortas y sería deseable una sección local (de Madrid, en mi caso). Supongo que es a lo que hay que renunciar a cambio de que cueste medio euro. Yo pagaría gustoso un euro entero si con ello mejorara el diario, pero  los contables y directores de marketing parece que mandan. También han ido incorporando gente y formatos nuevos y buenos: la carta con respuesta y la papelera de reciclaje de Rafael Reig son ya géneros periodísticos propios; y la incorporación reciente de Javier Vizcaíno es una delicia para la izquierda morbosa, entre la que me encuentro.

Como es lógico Público no es el periódico del que emanan mis puntos de vista, pero sí que se ha convertido en un notabilísimo avance para una izquierda que andaba huérfana de diarios en los que buscar puntos de vista afines. Aunque, por supuesto, quien quiera información de referencia de izquierda tendrá que seguir buscando medios digitales.