Por fin ha concretado Mariano Rajoy alguna de las medidas que propone para que a todos nos vaya mejor. Una reforma laboral ‘como la de 1997, acordada por todos‘. Por supuesto, ‘todos‘ quiere decir ‘todos los que pillamos cacho‘. Izquierda Unida (es decir, la formación votada entonces por el 10% del electorado, y representada por 21 diputados, alguien que forma parte de un ‘todos’ que no sea sectario) se opuso frontalmente a esa reforma. Ello le valió toda clase de insultos y desprecios: Izquierda Unida era extremista, estaba fuera de la realidad y el guiñol de su coordinador general tenía que mostrar que estaba loco.

Once años después vuelve Mariano Rajoy con el mismo cuento: una reforma laboral como la de 1997. Y contesta José Antonio Alonso, portavoz del grupo socialista en el Congreso:

Claro, claro, ya me imaginaba yo. En 1997 efectivamente lo que ocurrió fue una reforma para abaratar el despido. Esto que propone el señor Rajoy demuestra lo que venimos diciendo: que el Partido Popular tiene un programa oculto del que no quiere hablar, que es un programa muy antisocial, y que en definitiva conduciría a que los efectos de la crisis los pagaran los más débiles: los pagaran fundamentalmente los trabajadores.

Vaya, vaya. Es decir, que en 1997 el PSOE, UGT y CC.OO. pactaron con el gobierno de Aznar aprobar una reforma para abaratar el despido, cuya sola mención muestra un programa muy antisocial y esa reforma conducía a que los efectos de la crisis los pagaran los trabajadores. La extremista Izquierda Unida de entonces no lo supo explicar de forma tan transparente, pero hoy debe resultar un orgullo que el PSOE (y los sindicatos que lo apoyan en el rechazo a la propuesta de Rajoy, es decir, a la propuesta de todos ellos hace once años) dé la razón a Izquierda Unida. Quizás hubiera sido un poco más cortés si además de criticar a Rajoy Alonso hubiera hecho un poco de autocrítica e incluso hubiera podido reconocer que otros llevaban razón en 1997.

Que el PP tiene una agenda profundamente antisocial y que por eso sólo defiende vaguedades económicas (‘hay que hacer reformas’, ‘hay que hacer algo‘) es cierto. Como también lo es que el PSOE, según las circunstancias, estará dispuesto a aceptar o no esa agenda; en absoluto se puede interpretar su rechazo ahora a esa reforma como una cuestión de principios.

Y que hace falta una organización que se atreva a llevar la contraria a toda la gente de poder aunque sólo sea para que once años después le den la razón quienes le pusieron a parir también es cada vez más evidente.