Tras años discutiendo lo obvio, por fin estamos de acuerdo todos: no es nada malo que el Estado intervenga en la economía, pues con ello puede evitar efectos perversos del libre albedrío del mercado. El paso siguiente está en que nos pongamos de acuerdo en qué efectos son perversos y cuáles perfectamente aceptables.
Durante estos últimos años el Estado ha estado atado de pies y manos (se ha atado a sí mismo) negándose a intervenir pese a la precariedad del mercado laboral, el incremento inhumano del precio de la vivienda, el hambre de cientos de millones de seres humanos, la discriminación de la mujer en el trabajo, la subida del precio de los alimentos, la esclavitud de los inmigrantes ilegales,… Ésas no eran razones para intervenir. Y la parálisis estatal se hacía en nombre de una máxima universal: el Estado no debe intervenir en la economía. Ha bastado que unas pocas empresas financieras de renombre estén al borde de la quiebra para que Bush ponga para su rescate el dinero público que nunca dedicó a sanidad: nacionalizó dos bancos. En pocos días le siguió Zapatero prometiendo ayudas a las inmobiliarias para que no quebraran, eso sí, si ponían los pisos en alquiler. Ayer, al ver que bajaban las bolsas mundiales, hasta el BCE (aquel que subía el precio de las hipotecas como si la economía fuera una cuestión científica, no social) se decidió a inyectar ‘ 30.000 millones de euros a un tipo de interés mínimo (marginal) del 4,30% a 51 bancos comerciales de la zona del euro.’: ¿quién dijo que el BCE está dirigido por gente insensible?
Está siendo curiosa esta crisis económica (¿o estamos sólo ante su comienzo?). Por razones de edad, sólo recuerdo relativamente bien la crisis de los noventa. Fue aprovechada para desmantelar el sector público privatizando a precio de amigo todas las empresas estatales que dieran beneficios. Aquella crisis afectó muy principalmente a los trabajadores, sin que las grandes fortunas que habían crecido bajo el pelotazo se despeinasen (más bien hicieron su agosto apoderándose de empresas muy rentables). En esta crisis no queda casi nada que privatizar (aunque Zapatero anunció que privatizará parte de AENA) y la crisis está afectando primero a grandes empresas financieras e inmobiliarias, que están revirtiéndola hacia los trabajadores en forma de despidos y encarecimiento de las hipotecas.
Si el criterio del Estado fuera el que manejamos quienes pedíamos su intervención en la economía cuando éste se negaba a mover un dedo, podría llevar razón Solbes al decir que esta crisis limpiaría la economía. Si se aprovechase la quiebra de ciertas empresas para nacionalizarlas y que esto no fuera un instrumento para sanearlas y volver a regalarlas, sino para recuperar la capacidad estatal de disponer de un sector público, retornaríamos a la racionalidad social mandando al guano a especuladores que no merecen que paguemos ningún rescate y evitando que paguen el pato los trabajadores.
Ahora ya estamos de acuerdo: el Estado debe intervenir en la economía cuando le va mal a los nuestros.Sólo hace falta que nos pongamos de acuerdo en quiénes son los nuestros: los de arriba o los de abajo.
El Estado ya intervino en economía.
Provocó la carestía del suelo urbanizable y la corrupción generalizada en los ayuntamientos regulando la construcción. Sólo construían los cuñados y amigos del concejal de urbanismo.
Provocó la inmigración ilegal prohibiendo de facto la inmigración legal, a través de un sistema de cupos raquíticos.
Provoca el hambre en el mundo al cerrar las fronteras al libre comercio y mantener la PAC.
Crea paro y precariedad laboral al hacer cara y peligrosa la contratación indefinida.
Los dos bancos nacionalizados por Bush no eran empresas privadas, sino de «patrocinio público». Fueron creadas por Roosvelt para ejercer una función que, según los intervencionistas, el mercado no podía desempeñar.
El mercado financiero es el más intervenido y regulado que existe. Tanto es así que el dinero sólo lo puede emitir el Estado y es de aceptación obligatoria. Tal vez haya que volver al dinero privado, respaldado con oro.
como mola lo del dinero privado y su respaldo (como en Mary Poppins).
¿y para cuando la vuelta de los niños a trabajar en las minas de carbón? no es ningún disparate.
En Colombia es casi seguro que acaben con las FARC, a los niños nadie piensa en serio en sacarlos de las minas (ver reportaje hace + ó – tres años en Informe Semanal). Ni siquiera Ingrid con lo maja que es.
El capitalismo ha sacado a los niños del trabajo, en aquellos países donde se ha respetado la propiedad privada y la seguridad jurídica. Por primera vez en la historia de la Humanidad los niños no se dedican a trabajar.
En muchos otros los niños todavía trabajan. A medio plazo el capitalismo acabará con esta lacra en los países donde se aplique. A corto plazo hay que rascarse el bolsillo, no sirven de mucho los sermones.
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A Bensoussan: «por primera vez en la historia de la Humanidad los niños no se dedican a trabajar». Eso será en su casa y en la mía, donde mi hija de cuatro años se limita a poner las servilletas en la mesa. Porque lo que es en el resto, vaya que si trabajan, y como esclavos. Claro, a lo mejor, con las pintas que tienen, y el color ese tan raro, es que simplemente no son humanos y entonces su frase si es acertada.
El capitalismo no ha acabado con ningun trabajo infantil, las luchas obreras, allá donde tuvieron lugar, a lo mejor acabaron.
Totalmente de acuerdo, Bensoussan, en su primera sentencia: el Estado, concretamente de manos del primer gobierno Aznar con su ley supuestamente libegalizadora del suelo (la ley 6/1.998) provocó la carestía del suelo y la corrupción generalizada.
huy, perdón: quería decir «liberalizadora». O liberal. O algo. Dónde tendría yo la cabeza…